(Ver Dramatización).

(Ver Actuación).

(Ver Accionista).

El término actitud es generalmente usado en Filosofía, Sociología y Psicología contemporánea para indicar a toda orientación selectiva y activa del ser humano en relación con una situación. Dewey consideró a esta palabra como sinónimo de hábito y de disposición

Nicolás Abbagnano en su diccionario de Filosofía (F.C.E.) define a la actitud como el proyecto de comportamiento que permite efectuar elecciones de valor constante frente a una determinada situación.

La Actitud Idiodramática es la disposición del director de Psicodrama con respecto a su propio comportamiento durante su desempeño en la situación dramática. Mediante esa actitud el director se coloca en disponibilidad con respecto a su protagonista, atento a lo dado, tal como surge fenomenológicamente de la acción misma. Estará atento, durante todo el proceso del programa psicodramático a las claves dramáticas que vayan surgiendo, poniendo siempre sus hipótesis al servicio del proceso dramático y no el proceso al servicio de sus teorías.

La característica idiodramática es una cualidad esencial en un adecuado programa psicodramático. (Ver programa psicodramático).


En algunos autores el activismo suele relacionarse con el actualismo (Ver actualismo), sin embargo Abbagnano sostiene la necesidad de distinguirlo claramente.

El término actualismo designa la teoría metafísica según la cual la realidad es acto o actividad, mientras el activismo indica la actitud (a veces producto de una racionalización o intento de teoría filosófica) ideológica que toma como principio el subordinar todos los valores, incluida la verdad, a las exigencias de la acción.

La doctrina actualista es una forma de idealismo y para ser más estrictos de idealismo romántico. Cuando este idealismo romántico se aliena puede caer y transformarse en activismo.

La creencia de que la acción puede producir por sí misma las condiciones de su éxito y justificarse de manera absoluta por sí, es una de sus típicas caídas. Este es el núcleo fundamental del activismo que podemos encontrar en algunas corrientes filosóficoideológicas que intentaron justificar políticas no lejanas.

El activismo como actitud decadente tomó por principio el subordinar todos los valores, e incluso, el valor de verdad, a las exigencias de la acción política. Este principio desemboca finalmente en el nazismo y en el stalinismo, sólo para nombrar algunas políticas que se escondieron bajo la racionalización ideológica del Activismo.

En el Pragmatismo mismo, en un primer tiempo, W. James había declarado a la acción como la medida de la verdad del conocimiento. Este concepto mal interpretado fue lo que permitió incluso llegar a justificar luego, determinadas proposiciones morales teóricamente injustificables. Los análisis empiristas de James y de Dewey, sin embargo, podrían poner a luz de qué manera la acción está siempre condicionada a partir de las circunstancias que la provocan. Se destaca de esta manera la íntima relación que existe entre la situación que constituye el estímulo y los límites de su eficacia y de la libertad de la acción misma.

Esto es lo que hace que la acción deje de hallarse ligada únicamente al sujeto. No está únicamente relacionada al sujeto y no encuentra solamente allí su principio. Esta visión pone de manifiesto el error y la miopía del activismo.

Sin estos aportes a la cuestión, puede llegar a no tenerse en cuenta las cosas a las que la acción debe además adecuarse.

Moreno puede ser visto en el actualismo. Pero jamás en el activismo.

Estas precisiones son importantes para sustentar conceptualmente el sentido de lo que Moreno apunta en su concepción de espontaneidad.

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