Pensados desde las nuevas concepciones epistemológicas (que han superado las falsas dicotomías de lo orgánico y lo inorgánico de la Naturaleza y la Cultura, de lo humano y lo inhumano), de las ciencias de la Naturaleza y las ciencias del hombre han aparecido distintos trabajos interdisciplinarios (con aportes de la física, biología, antropología, psicología, etología, filosofía, y ecología) que confluyen en una nueva disciplina llamada bioantropología.
Es una nueva concepción evolutiva del hombre que se centra en el principio de unidad, el que contiene en sí mismo el principio de diversidad, de este modo supera la trampa que se movía desde el polo de un RACIONALISMO PSICOLOGICO a ultranza acerca de la vida, a un ANTROPOLOGISMO SOBRENATURAL, de irremediable insularidad para el hombre, ya que lo dividía del sustrato animal que lo sostiene. Desde estas nuevas aperturas bioantropológicas, la naturaleza humana es comprendida y concebida desde 3 líneas de ideas cardinales:
1) la idea de autoorganización característica evolutiva y esencial de la vida (Maturana, Varela).
2) la lógica de la complejidad que se va estructurando mediante las leyes de la sintropía (Fantappié. Denominada por otros autores con el término de sinentropía).
3) la idea de la intercomunicación y de la interrelación constante entre las distintas estructuras y subestructuras biológicas.
Desde estas tres líneas cardinales la bioantropología articula lo biológico y lo antropológico, ubicando la clave de la cultura en nuestra naturaleza y la clave de nuestra naturaleza en la cultura. En esta nueva visión la búsqueda de los umbrales de lo humano no se limita a las sociedades arcaicas, sino que se profundiza en múltiples “nacimientos” desde las raíces de la hominización hasta los umbrales del devenir contemporáneo. No se ve al hombre con el denominador común “Homo Sapiens” que tenía en cuenta los rasgos unidireccionales del ser técnico y racional, sino que se lo ve como el continuador de quien ya había elaborado herramientas y cultura, ya que éstas le fueron transmitidas por sus predecesores y el “Homo Sapiens” sólo fue complejizándolas.
La bioantropología ve al hombre como una creación que aportó al universo la magia, el mito, el logos; pero al mismo tiempo el desorden y la desmesura. Un continuador enriquecido como creador, en el camino inconcluso hacia la humanización, que si posee una profunda originalidad, es la de ser un animal dotado de sin razón, un “Homo Sapiens” y al mismo tiempo un “Homo Demens” (E.Muren. “El Paradigma Perdido”).

Desde el proceso evolutivo de la teoría de los roles se denomina así al período comprendido entre la fase mágica de la Matriz de Identidad (Ver) y la fase mítica de la Matriz Familiar (Ver). Esta etapa tiene como función la de deslindar con nitidez, las márgenes que separan las fantasías y sus deseos de la realidad concreta circundante. Aquí comienza la complejización del átomo perceptual del niño. Se rompe más contundentemente la relación diádica con la madre ya que la figura del padre comienza a tener un peso y un poder distinto, estableciéndose una triangularidad triádica con nuevas formas de antagonismos y deuteragonismos; la estructura infantil primaria (preyo) pasa a una estructura infantil secundaria (protoyo). Lo que antes era una evanescente vivencia de algo diferente a sí ahora es una evidencia concreta y estable. El niño sale del mundo mágico de vincularse, regido por las leyes de similitud y de contagio a un nuevo modo de ser, que si bien todavía seguirían siendo biológicos están regidos por un nuevo ordenamiento simbólicomítico.

Deja un comentario