Concepto que viene desde la Antigua Grecia, y que con el tiempo fue cambiando de significados, pero lo fundamental es no confundir el profundo sentido del término “catarsis de integración” (Ver catarsis de integración), con el mero juego de emociones, como muchos lo ven todavía hoy en día. En principio tenemos el término “katheiros” tal como se encuentra en los textos homéricos, que eran rituales míticos destinados a lavar los miasmas materiales. En el “Corpus Hipocráticum” ya hay una modificación, los médicos, para expulsar los miasmas usaban dos tipos de operadores, unos eran físicos y los otros: “palabras sagradas”; aquí ya el concepto religioso mítico se había transformado en lógico. Platón tomó el aspecto curativo de la palabra, enfatizando el valor terapéutico del logos. La palabra es la que tiene la potencialidad de cumplir el acto de persuasión, logrando la purificación del alma mediante la armonía, dice Platón. Aristóteles lleva el concepto al campo de la tragedia, esta, cumple una operación esencialmente expurgativa, que se produce por la movilización de la compasión y el terror; a partir de operaciones imitativas, efectuadas por los actores que logran la catarsis de “las bajas pasiones” en los espectadores. Aristóteles también señala la necesidad de un contexto donde aparezca el “sentimiento de solidaridad” y de “comunidad”. Para que la catarsis se produzca es necesario lograr un estado de “Comunitas”. Asóciese esto con el concepto de “encuentro” de Moreno. Freud en sus primero trabajos retoma el concepto catártico pensando que, si se lograba dar salida a los afectos estancados, por medio de la expresión verbal, podía lograrse para los pacientes un camino resolutivo. Esto fue dejado de lado por el padre del Psicoanálisis en sus posteriores desarrollos teóricos. Es Moreno quién retoma, desde otra epistemología, el concepto de catarsis; la reconsidera como un fenómeno que se produce junto con la realización espontánea y simultánea de todo un proceso de creación, por que, se va desarrollando desde la misma puesta en marcha dramática, para, desde allí en más y poco a poco, ir conformándose en un “cuantum” de atemperación, que confluye finalmente en constantes reactualizaciones integrativas, que se van dando como verdaderos procesos y no como simples actos. Estos procesos no solo afectan al público (Catarsis estética) tal como señalara Aristóteles sino también a los actores. (Catarsis ética).


También denominada catarsis de acción o catarsis ética. Estos términos fueron utilizados por Moreno para revalorizar la vertiente activa del proceso catártico (Ver catarsis y catarsis de integración). Esta vertiente de acción que producía cambios y transformaciones en los actores o participantes activos de las representaciones dramáticas rituales míticoreligioso, fue descuidándose y perdiéndole poco a poco a partir de las transformaciones del drama sagrado en espectáculos teatrales. En estas últimas formas dramáticas se hizo prevalen la vertiente pasiva o estética del fenómeno catártico. Vertiente que actúa específicamente sobre el espectador quien presencia el tesoro o la conserva cultural que se presenta delante de sus ojos en la escena. Moreno rescató el valor de la acción espontánea de uno o de varios miembros del grupo con la participación de todo el auditorio que se ofrece como caja de resonancia de esa acción espontánea, como una matriz durante todo el proceso. Con este rescate Moreno, redescubre el valor abreactivo de la representación dramática y la capitaliza en función psicoterapéutica.


(Ver Catarsis activa).


Hablar de “catarsis de integración”, en sentido estricto, es hablar de actos de comprensión, o sea actos fundantes de transformación, que Moreno comparó como nuevos nacimientos. Estos fenómenos son los que permiten la liberación de roles anclados a estampaciones inadecuadas, facilitando un salto a la asunción de nuevas conductas. Es decir: completar aspectos irresueltos en el modo de ser, caracterizados por tipos de ordenamientos vinculares, originalmente inadecuados. Un acto catártico es “fundante” por que, mediante el mismo cada protagonista se instituye en otro modo de vincularse, nuevamente explorado. Son “actos de integración” porque, mediante la reestructuración dramática, cada protagonista enriquece con nuevas percepciones su entorno social perceptual y asume nuevos roles, en su átomo cultural. Todo fenómeno de “catarsis de integración” para ser considerado como tal debe estar constituído por los tres momentos coimplicantes que integran la operación de “comprensión” según Husserl: 1) Momento intelectual o simbólico. 2) Momento emocional o catártico propiamente dicho. 3) Momento axiológico o fundante. En el momento intelectual se reiluminan los roles y vínculos conflictivos de la figura dramática que hasta este momento funcionaban oscuramente, mediados por mecanismos represivos o de negación. Esta operación da un nuevo sentido y las figuras podrán actuar entonces de otra manera, adquiriendo las categorías de “símbolos resolutivos”. En el “momento emocional”, entra en el campo del sentir ( o sea de la conciencia de la emoción) la discriminación, ubicación y reactualización de los temples afectivos de escena mítica, y el protagonista puede canalizar y observar la amplia gama de pasiones contrapuestas cargadas en su rol. Con el “momento axiológico” se da en el protagonista el surgimiento de un valor nuevo, que en su misma producción sustenta (y seguirá sustentando de allí en más) una nueva conducta y un nuevo modo de vincularse. Recordemos que para que una operación se totalice y produzca los efectos aquí descriptos estos tres momentos, didácticamente diferenciados, deben darse coimplicante y concomitantemente.


Wilson Castello de Almeida estudia la frecuencia del proceso de catarsis de integración, para esclarecer la falacia de que sría un acontecimiento raro en la clínica psicodramática. Afirma que negar la presencia efectiva del principal modo de acción “curativa” del Psicodrama es una forma de inviabilizarlo como método terapéutico original. Y a continuación sistematiza las tres formas clínicas que ha podido detectar en su práctica. Son: 1 Catarsis de integración Revulsiva: aquélla que “revoluciona” a los pacientes interiormente, sensibilizándolos y movilizándolos para nuevas y oportunas profundizaciones psicológicas y relacionales. 2 Catarsis de integración. Evolutiva: A través de ella, los pacientes van sumando gradualmente, dentro de sí y en las interrelaciones, elementos catárticos parciales. El proceso de integración catártica va utilizando en su praxis, modos de acción tales como “insight”, “insigne” psicodramático (Bustos) “feedbacks”, “lovebacks” (Zerka Moreno), percepciones télicas y momentos significativos de encuentro (ver Encuentro). De sesión en sesión, de dramatización en dramatización, de interpretación en interpretación, de diálogo en diálogo, la cantidad y la cualidad de los afectos se van modificando, cambian las dinámicas relacionales, se reestructuran elementos de la personalidad, ampliándose el vigor y el número de roles desempeñados, configurando, por fin, el Encuentro en su sentido clínico y existencial. 3 Catarsis de integración. Resolutiva: es la que trae, para el paciente, en tiempo relativamente corto (más en un acto que en un proceso), una forma de vivencia y conciencia de todo un material psicológicoexistencial hasta entonces relegado, reprimido, oprimido. Como un relámpago, el “momento moreniano” permite que pensamiento, sentimiento y acción se transformen en una misma y única actividad, fundidos a semejanza del espaciotiempoenergía de la Física (“status nascendi”). Se revelan al espíritu las posibilidades de un nuevo universo y un nuevo crecimiento. Las interrelaciones se transforman con fuerza retrepada y saludable esperanza. Es una forma clínica de Catarsis de Integración de gran presencia dramática y responsable de sesiones extáticamente bellas y emocionalmente significativas.

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