Cuando una “unidad de opuestos” se galvaniza en crisis vincular, pero además Caldea en la interacción grupal, el surgimiento de roles, que chocan entre sí, promoviendo “juicios de valor” de unos contra otros, surge “el conflicto”. Don Quijote y Sancho Panza representan paradigmáticamente un “par de opuestos”; pero esta unidad entra en conflicto solo cuando Sancho, el pragmático, piensa y siente a su compañero como un idealista absurdo, que le impide su deseo vital. Mientras tanto el Quijote piensa y siente a Sancho como a un “panzón rastrero”, que frena sus ideales y aborta sus proyectos. Pero este conflicto, en nada mas que el epifenómeno, en el nivel consciente, de otro más profundo. Denominamos “nodal” a esta encrucijada palpitante y profunda, que generalmente está galvanizada en deseos, culpas, miedos y pánicos inconscientes que atan las conductas manifiestas. Denominamos latente a este nivel profundo del conflicto vincular, porque es el que condiciona y promueve el epifenómeno emergente y es el que tenemos que abordar para comprenderlos y desanudarlos. Este concepto de conflicto nodal latente es útil para operar en sociodrama. El procedimiento sociodramático apunta, precisamente, a mitigar los conflictos vinculares mediante la comprensión de las contraposiciones de pasiones que los caldean. Para que, en un grupo, se mueva profundamente un conflicto nodal latente, en una situación determinada, deben haberse reactualizado en una gran porción de la constelación afectiva grupal, escenas traumáticas personales, enganchadas técnicamente las unas con las otras. Cada vez que alguno de los tres temores básicos del hombre: 1 ) el temor al caos y al orden, 2 ) el temor a la mirada y a la no mirada, 3 ) el temor a la finitud así como a la infinitud; son caldeados en el nivel de miedo o en el pánico, aflorará un conflicto, en la superficie. Pero lo nodal latente es la verdadera raíz galvanizante de los conflictos manifiestos. Porque, en el primer caso, el temor se ha caldeado en el miedo a la locura ; en el segundo, en el miedo al “que dirán”, al juicio, al castigo y al destierro; y en el tercero, en el espanto a la muerte. En el conflicto, entre Quijote y Sancho Panza, que nos sirvió de ejemplo, se mueven altaneramente estos tres miedos, con todas sus inseguridades y con la multiplicidad de escenas correspondientes. “Darse cuenta” es el primer paso para comenzar a relativizarlos y atemperar, de tanto patetismo, al vínculo.


Expresión utilizada por Moreno para denominar la cristalización de una acción creadora en un producto que pasará a integrar el acervo cultural de una sociedad dada (en un libro, una película, una escultura, un cuadro, etc.). Es la matriz cultural, científica, tecnológica, artística, lingüística, etc. en la que se deposita la idea creadora para ser preservada. Implica un largo proceso de creación y desarrollo espontáneo que parte del momento de iniciarse la acción y continúa hasta que el producto adquiere la forma definitiva en que será transmitido como conserva cultural. Una conserva cultural, como acto concreto e inmodificable, podrá promover a su vez en aquellos que la reciban un nuevo proceso de espontaneidad creativa que genere un nuevo producto que constituirá otra vez una conserva cultural y así indefinidamente. La cultura de una sociedad está conformada por la suma de esas conservas culturales que configuran el caudal que le asegura su supervivencia y al que recurrirá para educar a sus miembros. Las pautas de conducta estáticas si bien no logran la concreción en un producto, pueden ser consideradas como conservas culturales pasibles de ser modificadas en la evolución individual. Un rol es una conserva cultural hasta el momento en que un individuo lo hace propio y lo desarrolla según su particular proceso espontáneocreativo.


En todo procedimiento dramático hay que distinguir metodológicamente tres contextos: I) el social, II) el grupal, III) el dramático. En el primero se movilizan las interacciones de los roles sociales y el discurso de las personas que conforman el grupo como sociedad. En este sentido todo lo que ocurre representa (en micro) a la sociedad entornante. En el contexto grupal, en cambio, se movilizan las interacciones y el discurso específico de la pequeña comunidad grupal, con su historia particular, los avatares peculiares de su proceso, el despliegue de lo manifiesto y de lo latente, sus comunicaciones y sus ruidos (con sus diferentes niveles de profundidad) sus transferencias y sus proyecciones fantasmales. El contexto dramático finalmente, es el que generalmente se desarrolla en el escenario (también denominado “área del como si”) amparado precisamente por la atemporalidad de lo simbólico y lo imaginario. Este último es el contexto en el que puede desplegarse (de manera controlada y terapéutica) la interacción de todos los roles y la concretización dramática de toda la fantasmática personal, ancestral y arquetípica, para su elaboración y su reestructuración integrativa. Así como el intento de comunicación en el contexto social alude (en lo manifiesto), al discurso público, en el contexto grupal se permite un mayor despliegue del discurso privado; pero es el contexto dramático el que favorece la mayor pronunciación del discurso íntimo.


Todo rol es una experiencia interpersonal. Contra rol es por lo tanto aquel rol antagónico o deuteragónico que se oponga, secunde o corresponda al otro. La expresión “rol complementario” es muchas veces utilizada como sinónimo de contra rol. Vencedor, vencido, amoesclavo, padrehijo, etc. son ejemplos de contra roles o roles complementarios.


En Psicodrama es un subetapa del caldeamiento específico (Ver caldeamiento específico). Es un acuerdo intencional con respecto a lo que se va a investigar dramáticamente, así como: donde, cuando y de qué manera se planifica la escena. Frente al grupo, el director y el protagonista, deciden de este modo un principio de plan y de investigación dramática. El contrato puede referirse a la exploración de una primera escena o de un rol, así como la investigación de un síntoma, (etc.). El contrato desemboca generalmente en la “preparación dramática” de la “primera escena”. (Ver preparación dramática). En sentido, más general, también se denomina “contrato” al compromiso intencional, explícito o implícito que todo coordinador dramático deberá mantener con su grupo durante la exploración (permanecer en el procedimiento explicativo elegido, por ejemplo, no pasarse de “Juegos del Rol” o de un “Sociodrama” a un “Psicodrama”; no salir de la línea de investigación propuesta en cada procedimiento). Es propio del “contrato” también el cuidado de los “contextos” (Ver contextos), de los “niveles” (Ver niveles) y de las “etapas” (Ver etapas), procesales donde se proceda, para no producir contaminaciones.

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