Se denomina de esta manera al acontecimiento sociométrico que se produce cuando sistemáticamente se deja de lado a cierto número de integrantes de un grupo con el que se está trabajando.


En Psicodrama (así como en todo otro procedimiento dramático) se distinguen diferentes elementos metodologías:

I) Instrumentos (Ver), II) Etapas (Ver), III) Contextos (Ver), IV) Niveles (Ver), V) Técnicas (Ver), y VI) Tácticas (Ver).

El diferenciarlos con claridad permite limpieza metodologías y precisión operacional.


Se llama de este modo a la unión o fusión emotiva con otros seres y objetos (que se consideran animados).

El término alemán originario fue adoptado por Herder y por Novalis, pero fue difundido por Theodoro Lipps, quien lo usó para aclarar la naturaleza de la experiencia estética. Según Lipps esta experiencia, que posibilita el conocimiento de otros seres, se daría a través de un acto de imitación y de proyección. Estas captaciones resonantes, con sus fenómenos de reproducción, siguiendo el criterio de Lipps serían, debidas a la de imitación de las manifestaciones corporales de los demás. Tales imitaciones, decía, reproduciría en nosotros mismos las emociones contenidas en esas manifestaciones. Adoptar la actitud postural del otro, nos coloca en el estado emotivo de la persona a quien estas manifestaciones pertenecen.

El concepto fue luego abandonado, por hallarse en oposición a esquemas teóricos e investigaciones posteriores, como por ejemplo las de Max Scheler, para quien los fenómenos de comprensión o de simpatía, no tenían nada que ver con la empatía o fusión emotiva.

Muchas otras líneas en las escuelas fenomenológicas siguieron este mismo criterio de Max Scheler. Sin embargo los actuales desarrollos en Antropología Filosófica (como las de Gabriel Marcel, R. Kush, C. Cullen y G. Rebok) así como los nuevos hallazgos logrados en las investigaciones efectuadas en fenomenología télica profunda al trabajar especificamente en los niveles primordiales de la vincularidad (Foultes, Usandivaras, Castellá, Menegazzo, Tomasini, etc.) reabren la discusión sobre este concepto.


Es esta una de las bases conceptuales del pensamiento filosófico de Moreno y uno de los principios de su visión antropológica. Por lo tanto es un concepto angular para la construcción de su modelo psicoterapéutico.

“Al principio fue el Verbo” dice el Evangelio según San Juan.

“Al principio fue el Acto” dice el Fausto en el mito de Goethe, que fue el paradigma del romanticismo.

“Al principio fue el Encuentro” insiste Moreno.

Impregnado por el pensamiento de las corrientes filosóficas vitalistas que subyacen en sus teorías y por los trabajos de Kierkegaard y Buber entre otros, Moreno se planteó el encuentro, además, como una de las posibilidades humanas en la relación consigo mismo, con el otro en el mundo y con la trascendencia.

Para que tal Encuentro, sumamente difícil pero no imposible, pueda acontecer, para que pueda florecer la verdadera integración del hombre con los demás hombres, y de la humanidad consigo mismo, deberán ser superados los estereotipos técnicos, científicos y culturales, lo que dará lugar, según Moreno, al despliegue de la libertad, de la espontaneidad y la creatividad.

La palabra Encuentro y el concepto Tele son sinónimos para Moreno (Ver tele). No sólo las relaciones de atracción o amistosas, sino también las hostiles y de choque (choque para el encuentro) son fundamentales para lograr un encuentro auténtico.

El Encuentro según Moreno, nunca puede estar preparado ni constituído de antemano, ni planeado, ni examinado o escrutado, únicamente puede acontecer en la égida del momento.

Dalmiro Bustos afirma que existen vocablos unívocos que denominan las relaciones simétricas. Por ejemplo, enamorados, amantes, etc. La denominación unívoca recae sobre el vínculo, cuando designa roles de funcionamiento horizontal, simétricos.

Las relaciones asimétricas carecen, por su parte, de un nombre unívoco. Se habla de relaciones padrehijo, profesoralumno, empleadorempleado, o sea, cada una de las partes que se relaciona recibe un nombre, como si este vínculo careciese de un nombre específico.

La simetría permite un encuentro cualitativamente diferente: la responsabilidad es la misma. La asimetría es portadora de una responsabilidad no igual, sino proporcional al rol.

La relación terapéutica es asimétrica y desigual por los siguientes motivos:

1 El paciente es quien busca los servicios del profesional; es el paciente quien paga los honorarios fijados por el terapeuta; las normas de cada rol no son las mismas. La diferencia fundamental radica en que el secreto profesional sólo involucra al terapeuta. En ese sentido hay que tener cuidado con aquello que se comparte con el paciente en el sharing terapéutico, puesto que él no está involucrado en esta exigencia de secreto.

Buscar una horizontalidad en la relación terapéutica es desconocer la naturaleza profundamente asimétrica y desigual de este vínculo, y puede generar reglas confusas y anárquicas.

Esto no quiere decir que no sea posible el encuentro asimétrico, que tiene reglas contractuales distintas de las de un encuentro simétrico y sólo si estas reglas no fueren respetadas, el encuentro se tornará imposible.

Si cada miembro de una relación conoce sus derechos y atribuciones y los respeta, es posible el crecimiento. Si esto no ocurre, la relación es matriz de mensajes contradictorios, es decir, patogénica en sí misma.

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