Para la filosofía, el Pragmatismo es la doctrina según la cual nuestro conocimiento de las cosas solo consiste en sus efectos o en el uso que de ellas podamos hacer.

Para el Pragmatismo la inteligencia se halla al servicio de la experiencia; los pensamientos no son sino las herramientas de que la inteligencia se vale para resolver con eficacia los problemas de la vida y, como todos los instrumentos, cambian y se perfeccionan con el uso que de ellos se hace.

Los pensamientos, productos de la psiquis, cumplen una función semejante a las otras herramientas que el organismo produce (uñas, pinzas, etc.).

El Pragmatismo sostiene que la verdad es, según la fórmula tradicional, concordancia entre el pensamiento y su objeto, pero, entiende esta concordancia como la acción del pensamiento sobre la realidad.

Para el Pragmatismo toda afirmación que no conduzca a las cosas mismas carece de sentido.

Para el Pragmatismo conocer es enriquecer nuestras relaciones con el mundo. Una verdad que no enriquezca esas relaciones no será tal verdad.

La eficacia no debe entenderse en sentido exclusivamente práctico, sino también en sentido teórico o especulativo.

El Pragmatismo ha aplicado esta concepción a todas las esferas de la vida humana.

William James fue uno de los primeros y principales representantes del Pragmatismo. Él fue quien impuso la palabra Pragmatismo; su concepción está lejos de ser práctica en el sentido corriente de esta palabra, por el contrario se trata de una concepción profundamente espiritualista.

Bergson, también asigna a la inteligencia una función exclusivamente práctica tendiente a la solución de problemas, considerándola una función paralela al instinto que tiende también, pero de una manera ciega a la solución de problemas.

La diferencia de estas dos funciones, según Bergson, está en que en el primer caso los problemas son encarados por cada individuo de la especie en particular, mientras en el segundo es la especie toda la que encara su solución de manera uniforme para todos sus individuos. Estas premisas no le impiden a Bergson sostener también una filosofía espiritualista. En ella el conocimiento de la verdad íntima de las cosas es asignado a la intuición.

El origen del Pragmatismo hay que buscarlo en el filósofo norteamericano C.S. Peirce (1878). El fue el primero en señalar la ociosidad del planteo tradicional de las cuestiones filosóficas, que prescindían del hecho.;El juicio fundamental de Peirce es: Con conocimientos son normas de acción. El Pragmatismo se enlaza con el pensamiento inglés. En Inglaterra F.C.S. Schiler había desarrollado un pensamiento que denominó humanismo que es en realidad un pragmatismo y que tuvo una influencia decisiva en la formación del empirismo lógico dedicado principalmente a la dilucidación de los problemas epistemológicos.

En el pensamiento religioso se da también una corriente pragmática. Fue iniciada por Maurice Blondel. En ella se sostiene que la acción se traduce constantemente en un conjunto de relaciones distintas de las demás y que merecen constituir una nueva disciplina científica.

Según Blondel es en la acción donde se advierte la solidaridad de la vida y de la conciencia, de los sentimientos y de las ideas.

El pragmatismo religioso niega que el conocimiento de la realidad divina pueda alcanzarse con el pensamiento simple y sostiene que exige nuestro esfuerzo moral y debe tener como punto de partida el conocimiento de nuestro propio ser. Estas ideas influyeron notoriamente en los movimientos religiosos de comienzos de siglo que posiblemente influyeron en la formación espiritual de Moreno.


Se denomina de este modo en Dramática a la proposición escénica preestablecida explícitamente o, en su defecto, meramente supuesta como guía, con el objeto de llegar a una conclusión dramática.


Es una sub etapa del caldeamiento específico (Ver Caldeamiento específico). En las sesiones de Psicodrama, Sociodrama, o Juegos del Rol posibilita el paso a la etapa de dramatización propiamente dicha.

En su transcurso es importantísimo estar atento a las “claves dramáticas” que va ofreciendo el protagonista en el momento. En la preparación dramática se efectúa la ubicación espacial y temporal, se construye imaginariamente la “escenografía” de la “escena” que se va a dramatizar y se colocan los personajes que van a actuar en ella, se eligen los Yo auxiliares, se efectúan las inversiones de roles diagnósticas (Ver Inversión del Rol) y se investigan algunos roles, mediante la técnica del reportaje. (Ver Reportaje).


Concepto introducido por Carlos María Martínez Bouquet.

Constituye un desarrollo a la vez teórico e instrumental de las etapas en que puede dividirse la consideración de un proceso dramático cualquiera. Consta de cinco pasos:

1) Pensamiento en escena: consiste en colocarse en “posición imaginaria” (Ver Metabolismo de los Significados), una especie de equivalente psicodramático de la “atención flotante” del psicoanálisis, dejando que fluyan en la mente las imágenes escénicas que provoca el discurso grupal. Es decir que se favorece la transformación de lo que se oye en sucesivas imágenes que, incesantemente, acuden a la mente como los sucesivos fotogramas de un filme imaginario. Así pues, el Pensamiento en Imágenes cobra autonomía y permite la comunicación más fluida entre los respectivos imaginarios individuales; dicho de otro modo, de inconscientes a inconsciente. Prepara la dramatización.

2) Escena a Dramatizar: en el ininterrumpido fluir de imágenes que determina el Pensamiento en Escenas, se produce un corte, en un momento determinado, momento éste tanto más inconscientemente elegido cuanto más inmerso se encuentra en la posición de “atención flotante” el encargado de elegir la escena a dramatizar (Por ejemplo, aunque no exclusivamente, el coordinador del grupo). ese corte, ese momento de cierre operativo, permite detener y asir una de las fluyentes imágenes en que se iba transformando el discurso grupal o del paciente individual, para detenerse a trabajar con dicha escena. (Queda claro que “trabajar con esa escena” no implica necesariamente dramatizar, ya que puede trabajarse de este modo Pensamiento en Imágenes y selección de la Escena a elaborar en un contexto de psicoterapia exclusivamente verbal).

3) Escena manifiesta: la escena que se eligió haciendo un corte transversal en el continuo fluir de escenas provocado por el Pensamiento en Escenas, pasa a ser dramatizada. Se puede también, como se dijo más arriba, abordar la Escena Manifiesta como material de elaboración verbal en un contexto no psicodramático, pero si se elige dramatizar, se representará la Escena tal como la relató el integrante que hablaba, (Dramatización simple) o aplicando las distintas variantes técnicas del Psicodrama clásicamente descriptas: dramatización simbólica, construcción, inversión de roles, soliloquios, etc. (Ver).

En este paso del Proceso de la Escena lo importante es trabajar la Escena Manifiesta en cuestión que, como sabemos, oculta lo imaginario pero, a la vez, da cuenta de él, lo manifiesta, lo expresa, por lo cual deberá ser aprovechado como “revelador” de lo latente que lo subyace.

4) Escena desde el punto de vista de los integrantes del grupo: A partir de la Escena Manifiesta los integrantes del grupo serán “tocados” por afectos, sensaciones corporales, miedos, ganas, etc. Lo mismo ocurrirá, en la situación diádica de las terapias individuales; en uno u otro caso, lo que se experimenta es la “energía” presente el Personaje Imaginario en el cual se hubiere situado el integrante en cuestión. Esta ubicación en los lugares imaginarios es inconscientemente determinada, puede ser diferente para cada integrante del conjunto y viene constituida por el impacto que produce en cada uno la Tensión Dramática subyacente, actuando sobre cada estructura individual previa.

Metodológicamente, se le pide a cada uno de los presentes durante la Escena Manifiesta que expresen esos afectos, sensaciones, etc. y que se va armando así, como un mosaico, la estructura subyacente (por lo menos en “algunos” de sus aspectos, ya que es imposible abarcar “todo” el Imaginario, ni siguiera la totalidad de la pequeña porción del mismo presente en el reducido ámbito del pequeño grupo).

5) Escena Imaginaria: constituye el paso final del Proceso de la Escena. Puede definirse como la contactación y descripción de un “trozo” de Imaginario al que se tuvo acceso a través de los cuatro pasos anteriores. Esa explicación, necesariamente discursiva y, por lo tanto abstracta y limitada (Ver Metabolismo de los Significados) estará ella misma teñida y deformada por el pasaje a través del proceso secundario, pero conservará, como toda interpretación psicoterapéutica, un potencialmente formidable poder operativo en la medida en que apunte a ir “revelando lo subyacente”, explicitando las motivaciones ocultas, a desreprimir lo reprimido, a contribuir por fin a hacer consciente lo inconsciente.


Se denominan de este modo a los movimientos de integración y a las modificaciones resolutivas que se ponen en juego y se van efectivizando paulatinamente, a partir de las operaciones terapéuticas, en cada grupo y en los individuos que participan de la actividad psicodramática.

Estas modificaciones no solamente alcanzan el nivel de las interacciones grupales, despiertan, además, reactivaciones de la profunda relación que cada sujeto debe tener consigo mismo.

Los aspectos más hondos de estos procesos se mueven principalmente a nivel inconsciente pero hay facetas de los mismos, no menos complejas, que acontecen también a niveles comprensivos.

Las transformaciones que ocurren a nivel elaborativo profundo se manifiestan en los relatos de hechos aparentemente inexplicables que los pacientes describen sin saber qué los motivó o se patentizan en su material onírico. Se observan también a partir de los cambios de conducta que se evidencian en la interacción grupal o en el vínculo con el terapeuta.

Las que se dan a nivel comprensivo aparecen en los comentarios y son reconocidos por los pacientes como fenómenos de cambio, ya sea en la percepción, en el sentir, en puntos de vista o en modificaciones de su valoración.

La experiencia clínica ha demostrado que la tarea psicodramática permite comprometer todas las posibilidades de relación existencial de un individuo ya que operan específicamente en la intrínseca complejidad de todos los vínculos humanos y permite desentrañar los diferentes modos de darse de aquellos roles que se ponen en juego en cada choque y cada encuentro vincular.

El operar con la posibilidad humana de vincularse con el otro y el reactualizar la profunda posibilidad de cada hombre de relacionarse con el sí mismo, es lo que permite reactivar esencialmente la facultad humana de trascendencia.

Trabajar en el escenario psicodramático las figuras escénicas que reproducen los mitos solipsistas propios de cada ser humano (Escenas Nucleares Conflictivas) para reestructurarlos y transformarlos en formas de comunicación, de participación y de integración, es facilitar la puesta en juego de las facultades de intuir, sentir, percibir y pensar que, al funcionar dialécticamente, permiten ir modificando esos mitos de manera positiva.

Estas transformaciones jugadas mediante la mímesis, comprometen la libertad y la espontaneidad de los individuos y de los grupos y estimulan al máximo las posibilidades humanas de creatividad, las que comienzan precisamente a ponerse en acto en la tarea misma de transformación de los mitos que es ya de por sí una verdadera operación de producción y de creatividad mitopoyética.

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