(Ver Grupo de sensibilización).


(Ver Compartir).


Técnica psicodramática que se promueve al colocar en el escenario una silla y se propone al auditorio que a partir de ese estímulo imagine que personaje psicodramático puede ser sentado en ella. Desde este punto de partida pueden ir surgiendo diversos protagonistas o puede centrarse la dramatización finalmente en uno de ellos.

Esta técnica suele disparar varias dramatizaciones que por supuesto deben ser complementadas con otras técnicas, por ejemplo, la inversión de roles ya que cuando el protagonista evoca un personaje en la silla vacía, deberá luego mediante el cambio de rol, encarnar e interactuar desde él con un yoauxiliar que habrá asumido su propio rol.

La técnica de la silla vacía no sólo es rica en el procedimiento psicodramático, en la búsqueda de las “escenas nucleares conflictivas” (Ver), es además una técnica válida para abordar “conflictos nodales latentes” (Ver) en sociodrama; así también como para dar el salto hacia el rol a estructurar, en procedimiento de los “juegos del rol” (Ver).

Esta técnica de la silla vacía, así como todas las otras técnicas utilizadas de especial manera en procedimientos dramáticos, opera en el espacio de lo imaginario. Su especificidad, con respecto a otras técnicas es la de hacer presente, en el contexto dramático, más que ninguna otra la ausencia intuida.


Se denomina situación a la posición especial que pone al hombre frente a la necesidad de una decisión. La situación supone una encrucijada en la que es necesario elegir entre las diferentes posibilidades que se presentan. Toda situación le plantea al hombre una crisis.

La situación es en términos genéricos una posición, si la leemos en el sentido de la totalidad de la circunstancia o entorno vital del hombre, que incluye a éste y actúa sobre él; pero que se diferencia de las demás posiciones (Ver posiciones) en términos particulares por actuar sobre el hombre ejerciendo una presión por la que éste se halla, al estar situado en ella, condicionado a introducir un cambio mediante su accionar, si quiere prosperar de alguna manera en ese peculiar instante de su vida.

Según Heidegger: “la situación no es, ni en los instantes excepcionales (en el sentido de la situación límite) algo meramente dado sino que se plasma en forma determinada sólo en cuanto a la elección del hombre que se ve en ella siempre, frente a la disyuntiva de una decisión que tiene que tomar, de este modo o de modo contrario.

Como dijimos antes el concepto de situación incluye siempre el concepto de crisis, entendiendo este vocablo en su acepción etimológica griega con el sentido de una necesidad perentoria de elección (Ver Crisis).

Es imposible asir en el tiempo, aislar o congelar analíticamente una situación determinada. Por lo contrario, una situación debe ser vista siempre dinámicamente.

Toda situación tiene antecedentes y consecuentes posicionales que deben ser tenidos en cuenta si no se quiere correr el riesgo de caer en la más absoluta de las arbitrariedades con respecto a la comprensión dramática de lo que en ella está dándose.

En psicodrama se denominan premisas dramáticas a los antecedentes posicionales de una situación dramática. Estas premisas son las que se exploran cuidadosamente durante la etapa de preparación dramática en el proceso de caldeamiento específico del protagonista, estas exploraciones, generalmente muy ricas en claves dramáticas, que resultan esenciales para facilitar la dramatización.

La exploración de los consecuentes posicionales de una situación en Psicodrama es la que permite bucear en la vertiente de los objetivos del protagonista. En esta veta aparecen sus deseos auténticos o inauténticos; los proyectos circunstanciales con respecto a los fundamentales; sus tendencias sustitutivas y por lo tanto irresueltas o sus verdaderos anhelos de cambio, de responsabilidad y de esperanza. Estos elementos de diagnosis siempre resultan fundamentales en la tarea escénica para el trabajo psicodramático.


Es un procedimiento dramático específico que se sustenta en los conceptos de la teoría de los roles y de la antropología vincular. Mediante el sociodrama es posible operar en la vincularidad de los grupos naturales, espontáneamente formados (parejas, familias, grupos de convivencia, comunidades, etc.) o en la vincularidad de grupos instrumentales (grupos operativos, grupos de aprendizaje, grupos de producción, equipos institucionales).

Apunta específicamente a los roles sociales que interactúan en el desarrollo de las actividades comunes del grupo que se estudia. Permite visualizar sus conflictos y hacerlos emerger a la comprensión para su resolución. Clarifica las relaciones intergrupales, los valores que juegan como criterios colectivos, así como las ideologías compartidas. Por todo esto es un procedimiento muy útil porque permite la psicología de los roles sociales que se ponen en juego en todo grupo o institución diferenciándolas y dejando margen de privacidad para los roles personales.

La acción profunda del procedimiento dramático apunta a la dilucidación de lo que técnicamente se denomina, en la teoría de los roles, conflicto nodal latente (Ver); que se reactualizan generalmente a lo largo de todo proceso grupal en determinadas situaciones de crisis.

De lo dicho hasta aquí se hace evidente que el procedimiento de sociodrama exige siempre en sus operadores (tanto el coordinador como el grupo) una disposición contractual.

Es necesario tener en claro que se debe operar en la vincularidad social sin contaminarla en la fantasmática personal, por lo contrario, es un procedimiento cuyo alcance profundo es el descontaminar el vínculo social de lo fantasmal transferencial.

De lo dicho se desprende también que hay dos tipos de aplicaciones del sociodrama: 1) la aplicación institucional (prevención primaria), que es la que acabamos de describir y 2) la aplicación terapéutica (prevención secundaria) como por ejemplo el sociodrama de parejas y el sociodrama de familias.

En esta especialísima aplicación terapéutica del proceder dramático hemos ido aprendiendo con mucho dolor y a partir de los errores, que también es importantísimo la pureza metodológica y la claridad contractual, de lo que hablábamos antes. Nuestra experiencia clínica, durante muchos años de trabajo, nos ha demostrado que cuando se opera en parejas o en familias, uno debe trabajar con sociodrama y no con psicodrama. El psicodrama que opera en la fantasmática personal de cada integrante de la pareja (ya que explora y trabaja con las escenas nucleares conflictivas personales) debe ser jugado en el resguardo de la interioridad y privacidad de grupos especiales, alejados del vínculo social de la pareja. De lo contrario en vez de aliviar, se termina por cargar los vínculos sociales. Demasiadas veces hemos visto iatrogenias, cuando no se mantienen estos cuidados. Una de las manifestaciones de esta perturbación es la tendencia de cargar en la pareja (además de todos los problemas que ellas traen) las interacciones competitivas típicas de ciertos roles pseudoterapéuticos (silvestres).

Volviendo al sociodrama aplicado a las instituciones, nos parece importante señalar que, si bien este procedimiento (como todos los demás) se maneja siguiendo etapas (Ver) y trabajando con instrumentos (Ver), exige un manejo muy especial del auditorio; es muy importante, en la asamblea que visualiza la dramatización, estructurar (con precisión) roles de observación, que luego deben ser dirigidos, con la misma justeza, en las etapas de comentario, permitiéndose además, en esta última etapa, el cambio de roles. Si por ejemplo, en el escenario se desarrolló una escena donde interactuó un jefe con un supervisor y subalternos en la caja de resonancia del auditorio, esta misma escena deberá ser analizada desde los ojos observadores ubicados en los roles de supervisor, de jefe y de subalternos, nunca desde las personas que observan; así como nunca debe permitirse que el jefe sea en el escenario tal o cual jefe, o tal o cual subalterno, sino siempre un rol de jefe (con sus contraroles), para no mezclar las personas con los roles. En el auditorio también, nunca se debe permitir que una persona “hable desde sí”. Para su propia psicohigiene y la psicohigiene del grupo, deberá hablar siempre desde el rol jefe o desde el rol supervisor o desde el rol subalterno o desde el rol cliente. Nunca se debe permitir, además, comentar sobre las cosas supuestas o sobre cosas visualizadas en otros ámbitos de la institución. Sólo se permitirá los comentarios a partir de lo que se vio en la escena y en el espacio dramático. Estos cuidados son los que permiten la claridad contractual y la limpieza metodológica de las que al principio hablábamos.

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