Así denominó Moreno a la ansiedad que caracteriza esencialmente el modo de ser infantil en el primer universo (matriz de identidad).

Se trata del impulso básico que domina la primer fase de dicha matriz (total indiferenciada) y prevalece en la segunda (total diferenciada).

El niño, en esta matriz, es todo él en cada uno de sus actos, su ser se agota en cada uno de ellos y no hay parte alguna esclusada como posible resto observador (rol observador). Esta ansiedad es sedada únicamente por el acto complementario adecuado del yoauxiliar natural, base de la estructuración de todo rol psicosomático.

El hambre de actos comienza a ponerse en crisis durante el pasaje de la primera a la segunda fase de la matriz de identidad pero recién disminuye francamente su predominio en el umbral en el que va a consolidarse la brecha entre fantasía y realidad que marca el comienzo de la matriz familiar.

En esta nueva condición, o universo, el hambre de actos se monta en hambre de transformación.

Los desarrollos teóricos actuales en torno a las bases conceptuales que sustentan al psicodrama han hecho ver claramente la coimplicancia y la coexistencia de todas las matrices del devenir evolutivo en el ser humano adulto.

La práctica clínica a su vez ha demostrado que en determinados estados de atemperación el hambre de actos puede aflorar en el adulto con toda su fuerza, en la búsqueda del complementario significativo que le satisfaga.

Algunas veces esta emergencia es francamente patológica y toma la forma de un “acting” irracional, que en este caso denota la reactualización de una huella de caldeamiento que es característica de una determinada búsqueda sustituyera.

En otras ocasiones la fuerza perentoria de esta ansiedad es nada más que la expresión adulta de una auténtica necesidad de un rol psicosomático.


Así denominó Moreno al quantum de impulso básico (Ver hambre de actos) que, a partir del surgimiento de la brecha entre fantasía y realidad que comienza en el umbral fundante, se deriva en impulso de transformación, que es la esencia de la capacidad creadora del hombre.

“La sensación de paraíso perdido”, dice Moreno, en la 4o. conferencia de “Las Bases de Psicoterapia Grupal”, se transmuta en la búsqueda de la Tierra Prometida. El deseo de reeditar la vivencia fusionar de totalización, propia del primer universo infantil, únicamente puede encontrar un cierto modo de satisfacción adulta cuando el Hambre de Transformación, a lo largo de una vida, permite lograr la visión totalizadora de una cosmovisión. (Ver cosmovisión moreniana y Ver el concepto de “deseo” desarrollado por Mandrioni en Roles complementarios deseados).


Ha sido denominado de este modo el procedimiento terapéutico en el que se combina el Psicodrama con la Hipnosis.

El material obtenido en la exploración hipnótica se trabaja luego psicodramática y analíticamente. Desde hace tiempo se ha dejado de trabajar con pacientes en estado hipnótico.

En nuestro medio, Herminio Castellá comenzó hace años, grupos de investigación con modernos procedimientos de hipnodrama. Carlos Menegazzo y Gabriel Castellá siguieron con él esta línea de búsqueda. Se trabaja con yoauxiliares especialmente entrenados en autohipnosis. Esto permite “doblar” al protagonista obteniendo materiales de sus registros inconscientes.

Estas exploraciones no solo pueden alcanzar niveles biográficos (por ejemplo la etapa de la amnesia infantil) también el nivel ancestral del clan, como otros niveles profundísimos del inconsciente primordial, descrito en Occidente por Carl Gustav Jung.

Los materiales obtenidos de este modo son trabajados posteriormente por los protagonistas con metodología psicodramática y analítica para su elaboración.

Además de la aplicabilidad clínica de estos estudios, estamos investigando, cada vez más profundamente, en estos niveles de lo primordial, formando sistemáticamente investigadores télicos especializados en lo que hemos denominado “Arqueología psíquica profunda”.


Proveniente del griego hipo: debajo, y cresis: máscara; este término que en su sentido negativo alude a la mentira, en un sentido positivo alude a la posibilidad de resguardar bajo el pudor de la máscara, aquello que debe ser protegido.

Este concepto de cuidar bajo el anonimato del rol, la intimidad de la persona, es la base conceptual que posibilita los juegos dramáticos; el respeto del “como si” y la protección de la intimidad personal.

Todo esto posibilita claridad en el manejo dramático del contacto grupal y social (Ver) con respecto al contexto dramático (Ver).

La impecabilidad que permite el respeto del “como si” y “la hipócresis” permiten dramatizar pasiones, y esto facilita el arte de aprender a desdramatizar la vida. Para lograrlo es necesario transformar las pasiones en sentimientos, valores y conceptos, sin pisotear intimidades.

Deja un comentario