El término “imaginación activa” fue acuñado por Carl Gustav Jung en su etapa madura, pero fue practicado por él (consigo mismo, con sus discípulos y con sus pacientes) desde el comienzo de sus prácticas terapéuticas, para promover la expresión, la investigación y la toma de conciencia de los materiales (complejos, sueños, imagos y fuerzas arquetipales) que suelen aflorar desde el inconsciente colectivo. Estos procedimientos por él (finalmente) denominados “imaginación activa” apelan a poner en acción la función simbólica del hombre, sus potencialidades más profundas y su capacidad creadora. Jung comenzó utilizando para esto (de manera rigurosa y metodológica), todo lo que tenía a mano: la escritura, el cuento, la poesía, la expresión a través del dibujo y la pintura, el tallado de la madera y de la piedra, el movimiento corporal, el ritmo, la música y la danza; apelando a todas las artes que sumergen sus raíces en el pensamiento mágicomítico del hombre (nuestro pensar más arcaico y profundo). Utilizó también la jardinería, así como la travesía por los bosques, el bogar por el lago, el desafío de alcanzar las cimas de las montañas y escalar sus rocas, hasta el trabajo de cavar la tierra con sus propias manos y el trabajo, piedra por piedra, en su construcción del torreón de Bollingen. La imaginación activa, enriquecida hoy por quienes continúan en esta línea, busca como efecto ir descubriendo las profundas contradicciones humanas para ir tratando de integrarlas. Promueve un proceso de búsqueda simbólica y de toma de conciencia, que se pone en movimiento a partir de uno de los profundos anhelos del hombre (tan auténtico, tan hondo, tan esencial y tan básico como los deseos de amar y ser amado, el de poder de autoría, así como el de nutrirse); me refiero al deseo de superación, de integración, de religiosidad y de trascendencia. Para que todos estos potenciales anhelos no se degraden (dentro nuestro) estructurándose en posesividad, odio, rencor, prejuicios, deseo de destrucción, sed de dominio, hambre de posesión, fanatismo y fundamentalismos, detenimientos, malogros, parálisis y/o otras desmesuras, es necesario (en primer lugar) nuestro reconocimiento de las propias contradicciones y (a partir de allí) el atraverse a atravesar la propia sombra). La psicología analítica denomina a este proceso de búsqueda: el camino hacia el Sí mismo Este peregrinar hacia el Sí mismo solo se logra en vincularidad (consigo mismo, con el prójimo, con la naturaleza y con el mundo). Los trabajos de “imaginación activa” favorecen estos logros y estos encuentros vinculares. El lector, conocedor del psicodrama y del ideario moreniano, habrá notado la profunda analogía entre el concepto de realizaciones simbólicas, catarsis de integración (v) y encuentro, entre búsqueda del Sí mismo y desarrollo del Ser creador. Por todo esto podemos inferir de qué manera el ideario moreniano fue hondamente comprendido por quienes ya compartíamos el pensamiento junguiano, así como supimos valorar (tempranamente también) los procedimientos terapéuticos y la genialidad de Jacobo Levy Moreno. Sus procedimientos dramáticos (teatro de la espontaneidad, juegos del rol, axiodrama, psicodrama, sociodrama) así como los modernos desarrollos de la dramaterapia y la arterapia, son considerados hoy, por la psicología analítica y la antropología analíticosintética, notables enriquecimientos de la imaginación activa (v: Psicodrama analítico).


Moreno denominó de este modo al momento del test de espontaneidad dramática en el que se comienza a asignar determinadas premisas y situaciones a los participantes del grupo con el que se está trabajando. A partir de tales consignas los integrantes deben luego dramatizar improvisando. Las escenas y los roles jugados en cada dramatización son luego observados durante el momento de comentarios, teniendo en cuenta las cualidades y los grados de espontaneidad logrados en el desarrollo dramático (Ver espontaneidad).

El término impromptu comenzó a utilizarse en el antiguo teatro romano.

Las fiestas relacionadas con la actividad agrícola fueron, también en Roma como en otras culturas, el germen del fenómeno teatral que floreció luego en la polis con tanta fuerza como para llegar a dar autores del calibre de un Plauto y un Terencio. El mundo romano con sus características prevalentemente guerreras, tenía una gran predilección por el espectáculo de luchas circenses.

Sin embargo, los campesinos romanos guardaban en sus tradiciones orales el substrato y los tesoros de las que habían sido antaño las culturas itálicas preromanas. Los etruscos, de origen eminentemente agrícola habían logrado en su cultura una gran riqueza en las manifestaciones festivas. Sus rituales mágicomíticos relacionados con el asombro ante el ritmo constante de las estaciones y sus liturgias propiciatorias para obtener los milagros de la fertilidad y la fecundidad habían alcanzado formas muy refinadas.

En una urbe felisca de la Etruria meridional, que los romanos recordaban con el nombre de Fescennia, se efectuaba en época de primavera fiestas rituales que culminaban en grandes juegos florales. Los campesinos romanos, mucho más rústicos, celebraban también fiestas agrícolas, llenas de vitalidad, pero vulgares.

En ellas los colonos y sus familiar, durante ciertas pausas en plena época de tarea, se reunían en espacios abiertos rodeados por fascinus o fascinum de ramas vegetales que eran considerados antídotos eficaces contra los maleficios y las plagas.

Según descripciones hechas por Horacio y Virgilio, citadas por C.Marchesi en su “Storia della letteratura Latina” Ed. G.Principato, Milán, 1947, en estas fiestas se propiciaba a la diosa tierra con el sacrificio de un puerco, al dios Silvano ofreciéndole leche y el genio admonitorio de la brevedad de las vidas humanas, flores y vino.

De estas reuniones comunitarias, necesarias para el descanso de los cuerpos campesinos muy exigidos en las faenas y para el solaz de las almas excitadas por el entusiasmo y la competitividad puesta en las tareas agrícolas, surgieron las fascenninas, denominación que puede deberse a la ciudad de Fescennia o a los fascinum, lo que no se sabe a ciencia cierta. El carácter fuerte, y rudo del arquetipo del campesino romano impregna la creatividad puesta en estas fascenninas originando cantos sarcásticos y licenciosos a la vez, que comenzaron a entrelazarse e intentaron contrapuntos hasta finalmente desembocar en verdaderos contrastes entre subgrupos opuestos que se hacían pesadas bromas cantando y recitando obscenidades e insultos unos a otros.

Estas oposiciones se fueron poco a poco animando dramáticamente, Virgilio describe a estos antiguos colonos, con horrendas máscaras de cortezas ahuecadas, retrucándose los unos a los otros en versos y en diálogos elementales llenos de malicia y procacidad. Ellos dieron origen al primitivo teatro romano.

Las dramatizaciones fascenninas, improvisaciones, libres sobre premisas y situaciones muy generales convenidas de antemano, fueron denominas impromptu. Sólo mucho más tarde en las fascenninas comenzó a introducirse la sátira que ya poseía temas, escenas y diálogos preestablecidos lo que exigió entonces, la actuación de actores profesionales, un paso muy importante hacia lo que luego desembocaría en el teatro romano.

El impromptu, para las improvisaciones dramáticas reaparece nuevamente en el teatro occidental del medioevo, en el teatro litúrgico. Era utilizado allí especialmente para las escenas colaterales que formaban el relleno del drama sacro.

Cuando finalmente el teatro litúrgico comenzó a descomponerse y se desprendió de él el teatro profano, el impromptu y las improvisaciones basadas en esta técnica teatral adquirieron nuevamente un gran auge.

El milagro teatral de la Commedia dell’arte italiana fue una de las formas evolucionadas de la improvisación dramática profana surgida a posteriori de la descomposición del teatro litúrgico medioeval.

En la Commedia dell’arte, el impromptu tomó la forma de un esque de escenas, efectuado por el capo cómico para que los actores improvisasen a partir de él.

Moreno introdujo el concepto y el término de impromptu en su teatro de la espontaneidad y finalmente lo destinó para la denominación del primer momento del test de espontaneidad dramática como se expuso al principio.


Es un procedimiento y una técnica psicodramática. Se efectúa dando al protagonista la consigna de actuar en el escenario determinados roles imaginarios en situaciones fantaseadas, que sean par él aparentemente distintas a los roles que habitualmente reconoce como propios.

Debe puntualizarse que cuando se dan estas premisas de trabajo el protagonista trata en lo posible de excluir de la escena cualquier acontecimiento real de su propia vida personal e intenta, por lo tanto, representar solamente situaciones que le parezcan alejadas de su propia experiencia.

La improvisación en psicodrama es una técnica utilísima para ser aplicada en diagnosis como test de actividad. Con este procedimiento se explora el desarrollo de la espontaneidad y sus patologías.


La teoría de los roles no se plantea la idea del inconsciente en el sentido tópico, ni toma en cuenta los postulados económicos o dinámicos de la energía psíquica tal como fueron concebidos por Freud a partir del modelo termodinámico.

Cuando Moreno en sus escritos refutaba al inconsciente, hay que tener en cuenta que estaba negándole solamente categoría de espacio continente o de aparato psíquico, o sencillamente de ente.

Al formar parte de la tercera generación de los investigadores de la psique, Moreno no sólo estaba imbuido como lo estaba Freud, de las concepciones de intencionalidad (Ver) introducidas en psicología por Von Brentano, sino que además conocía los desarrollos posteriores de la fenomenología y sabía de las evoluciones modernas de la epistemología y de las teorías matemáticas de Fantappié sobre las ecuaciones de sintropía. Conocía también los últimos hallazgos de la física Quántica que dan hoy validez empírica, incluso en el campo de las ciencias naturales, a las nuevas teorías que a partir de Dilthey y Bergson reordenaron teóricamente las ciencias del hombre.

La concepción moreniana de la energía psíquica no recurre ya al modelo teórico de la termodinámica. Su antropología pudo sustentarse en los desarrollos de la filosofía de la vida.

Lo inconsciente, no es en verdad negado por Moreno, tal como se quiso inferir, sino muy por lo contrario tenido en cuenta en el sentido de un atributo inherente a todos los hechos psicológicos, así como también a todos los hechos sociales.

Desde sus primeras reflexiones en torno al caso Bárbara (Ver caso Bárbara) que originó su descubrimiento del Psicodrama, Moreno observó que la actividad dramática ponía en marcha en quienes la ejecutaban, así como en quienes la presenciaban comprometidamente, complejos y profundos movimientos interpsíquicos e intrapsíquicos. Estos procesos se le evidenciaron como moviéndose en diferentes niveles y presentando por lo tanto distintas facetas. En el nivel de lo elaborativo profundo, la teoría de los roles jamás se opuso a las concepciones freudianas que trataron de ordenar los fenómenos observados en la clínica mediante una metapsicología que tuvo puntos de vista como los estructurales, los genéticos y los adaptativos. Sí, se opuso, en cambio, a los puntos de vista de esta metapsicología ubicados en los postulados de los dinámico y lo económico, con los que se intentaba dar una explicitación teórica a los fenómenos de energía psíquica, siguiendo conceptos tales como los de conservación de energía, dirección y magnitud de la fuerza y entropía, concepciones específicamente tomadas de la teoría termodinámica.


Se denominan de este modo en psicodrama todos aquellos estímulos que logran poner en marcha diferentes procesos de caldeamiento. Algunas veces los iniciadores pueden ser de origen físico y se obtienen simplemente con determinadas posturas corporales o ciertas contracciones de los músculos activados durante el movimiento.

Otras veces los iniciadores son de tipo mental. En otros casos logran ser estímulo imágenes, escenas o situaciones fantaseadas o rememoradas así como sentimientos o vivencias que se recortan súbitamente al halo actual de la conciencia mediante el rescate de la operación reflexiva de introspección.

Ciertas drogas también pueden actuar como estimuladores de los procesos de caldeamiento.

En estos casos, éstas pueden ser consideradas como iniciadores químicos o mejor dicho, psicoquímicos.

Durante la década del 70 varios grupos en nuestro medio, efectuaron experiencias con estimuladores de esta naturaleza y obtuvieron resultados muy variados no exentos de riesgos.

Hoy sabemos que una buena instrumentación de iniciadores físicos o corporales pueden obtener los mismos resultados de caldeamiento o quizás mejores, sin los riesgos que el uso de las drogas pone en juego siempre.

El desarrollo actual alcanzado por la psicodanza tanto en el camino de movilización para los caldeamientos que buscan el ascenso de identidad en los que se obtiene el predominio simpático (atemperación parangonable al efecto de las drogas anfetamínicas), como los que se obtienen en el camino de descenso de identidad con predominio parasimpático (atemperación parangonable a los efectos de las drogas del tipo marihuánico), ofrece hoy posibilidades cada vez más ricas.

Los iniciadores corporales tienen una clara especificidad operativa cuando se busca el caldeamiento de cada rol psicosomático, son éstos vías regias para desembocar rápidamente en las escenas nucleares conflictivas (Ver Escena Nuclear Conflictiva).

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