Este enunciado fue creado en 1925 por Jacobo Levy Moreno, quien fue indiscutiblemente el iniciador, en occidente, de la moderna psicoterapia de grupo. Él fue también quien propuso sostener el estudio de las conductas humanas (roles) en disciplinas, que él denominó sociometría (Ver) y teoría de los roles (Ver).

Algunas propuestas de Jacobo Levy Moreno se han generalizado hoy y son actualmente utilizadas en el amplio campo de las ciencias del hombre, aún con diferentes modalidades y estilos operativos, ya que sus continuadores hemos ido desarrollando nuestras propias prácticas y nuestras propias reflexiones, basándolas en diversas líneas de pensamiento epistemológico.

Por esta misma multiplicidad, hoy suele denominarse Psicodrama, en sentido amplio, a toda aplicación pautada de la dramatización, con tal de que se la utilice con cierto orden técnico, aunque los objetivos metodológicos que se persigan, en cada caso, así como sus modalidades operativas, sean distintas. (La investigación, el aprendizaje, el entrenamiento, la comprensión con fines terapéuticos, etc.).

Es común leer, en la bibliografía hoy disponible, la palabra Psicodrama adjetivada de diferentes maneras, para distinguir, de este modo, las diversas lecturas del mismo fenómeno, obtenido mediante la dramatización (ej: Psicodrama psicoanalítico, lacaniano, junghiano, moreniano, etc… según los casos y las escuelas). Estas lecturas, por supuesto, implican además, diferencias operativas muy específicas, según dicte el esquema referencial con el que se maneja la aplicación de lo dramático y las reflexiones efectuadas en torno a sus prácticas.

Otras veces lo adjetivante señala, en cambio, solo el campo de aplicación (ej: Psicodrama educacional, Institucional, Didáctico, Clínico, Grupal, Individual, De pareja, De familia, etc. etc…).

Ahora bien, a nuestro entender, es muy útil distinguir en sentido estricto y respetando las diversas modalidades de trabajo ya señaladas, al Psicodrama como el “procedimiento dramático” (Ver procedimientos) que se aplica específicamente para la comprensión de las conductas personales en vincularidad, cuando se opera rastreando al máximo la complejidad de roles que forman parte del amplio espectro del átomo cultural de un individuo en relación (Ver átomo cultural) o, dicho de otro modo, cuando este rastreo incluye la investigación dramática de cualquier rol que constituye la vasta gama de toda su riqueza fantasmática.

En este sentido más estricto, se distinguen mas prolijamente al “procedimiento del Psicodrama” de los otros procedimientos, también dramáticos, denominados: Sociodrama (Ver) y Entrenamiento del rol o juegos del rol (Ver Juegos del rol). Esta diferenciación nos parece no sólo vital sino necesaria para asegurar mayor limpieza metodológica y mejor precisión operativa. Por esto mismo la proponemos muy especialmente aquí.

En este sentido estricto, entonces, el Psicodrama es un “procedimiento dramático específico” que a pesar de que se lo puede sustentar en conceptos teóricos diferentes, todos ellos coinciden en una semejante visión antropológica vincular que estudia a las conductas humanas, entendiéndolas como desarrollo de roles (siempre en relación con sus contra roles o roles complementarios). Este procedimiento apunta específicamente a la investigación de las dificultades o trabas en el juego libre, espontáneo, creativo y responsable de tales roles.

Partiendo de tales frenos, dificultades o trabas, tomadas como síntomas, el procedimiento psicodramático efectúa una investigación. Para que esta búsqueda sea posible es necesario contar con cinco instrumentos indispensables, ya que son los que garantizan rigor metodológicos. Estos instrumentos, que se hacen posibles gracias a la convención del grupo participante en cada investigación dramática son: el (o los) protagonistas (s) (Ver), el auditorio o caja de resonancia (Ver Auditorio), los yoauxiliares (Ver), “el escenario” (Ver) y el director o coordinador (Ver director).

El despliegue de cada investigación se desarrolla, si bien con ciertas diferencias específicas, de modo parecido a los otros procedimientos dramáticos (sociodrama y juegos del rol) siguiendo tres etapas de desarrollo: 1o. “Caldeamiento inespecífico” que se despliega desde el frío inicial de la interacción grupal hasta el surgimiento del “protagonista” y una segunda sub etapa denominada “caldeamiento específico” en el que se efectúa “el contrato dramático” con el protagonista, frente a su auditorio, “la redistribución” afectiva con el mismo para medir el compromiso afectivo obtenido con el grupo (Ver Técnica de redistribución) y “la preparación dramática” que a veces incluye la primera inversión de roles exploratoria. Se pasa entonces a la 2o. etapa de dramatización (también denominada; “psicodrama propiamente dicho”) que comienza generalmente con “la dramatización de la primera escena” que permite la búsqueda del rol frenado (en conflicto), con su contra rol y a partir de esta traba, tomada como síntoma, así como de cualquier otro signo, señal o síntoma, surgido en esta interacción, seguir su hilo conductor para desembocar en la rememoración de la escena que originó el conflicto (Ver Escena Nuclear Conflictiva); reproducirla dramáticamente y operar sobre ella, así como con sus roles fantasmáticos, utilizando las diferentes técnicas, según cada caso, para promover en el protagonista la corrección perceptiva de la misma y una vez obtenida la transformación simbólica, volver a la escena dramática, o al rol, del que se partió al comenzar la investigación.

Se cierra el procedimiento en la 3o. etapa de análisis o comentarios; etapa esta que también suele subdividirse, en una primer sub etapa denominada “momento de compartir”. En esta los compañeros de grupo, saliendo de sus roles de resonancia (en instrumento auditorio) comunican al protagonista que actúo para sí mismo, pero también para ellos; (representándolos) todo lo que sintieron vibrar, movilizar o elaborar en ellos mismos al unísono con su dramatización. Se completa el procedimiento psicodramático con una segunda subetapa de cierre denominada: “análisis propiamente dicho”, momento este para los comentarios terapéuticos y las interpretaciones personales y grupales pertinentes en cada caso. Como se ve, el Psicodrama entendido de este modo operativo (que permite trabajar con todos los roles que constituyen la fantasmática relacional del individuo) es un procedimiento de profundo alcance elaborativo pero, al mismo tiempo, de honda repercusión en la dignidad y el pudor personal. Por esto mismo debe ser reservado en su prescripción, mediante estricto contrato, bajo el amparo de la privacidad terapéutica que garantiza la intimidad profesional y el secreto grupal.

El sociodrama, cuya exploración trabaja contractualmente, únicamente con los roles sociales, sin hurgar en la fantasmática íntima, es el procedimiento ideal para trabajar clínicamente con “vínculos reales habituales” (Sociodrama de pareja Sociodrama de familia) así como para operar en diagnosis y en prevención institucional (Sociodrama institucional) (Ver Sociodrama). Proponemos denominar “Psicodrama” (procedimiento) solo al que se opera en la intimidad clínica (Psicodrama individual) o en la privacidad analítica de los grupos específicamente formados para tal fin (Psicodrama grupal).

Los únicos ámbitos, como se ha dicho, que pueden garantizar la necesaria asepsia de las posibles contaminaciones, las que suelen generarse cuando no se respetan las selecciones, que excluyen del “vínculo de investigación analítica profunda”, a las “relaciones de habitualidad real que se juegan en lo cotidiano”.


Hay situaciones existenciales críticas que exigen para determinados pacientes este modo de proceder.

En este caso es posible conformar un grupo de coterapeutas y yoauxiliares ad hoc, para trabajar puntualmente en situaciones terapéuticas tan especiales, garantizando la máxima eficacia técnica posible, con un adecuado margen de contención.


(véase Psicodrama analíticosintético y Psicodrama junguiano)


En la actualidad los terapeutas con formación junguiana, que trabajamos en el campo de lo grupal, utilizamos el psicodrama como procedimiento de la psicoterapia analíticosintética. El psicodrama, dentro esta línea de pensamiento teórico, es considerado uno de los procedimientos de la imaginación activa (Ver). El término “imaginación activa” fue acuñado por Carl Gustav Jung en su etapa madura, pero practicado por él (consigo mismo y con sus pacientes) desde el comienzo de su práctica terapéutica, para promover la expresión, la investigación y la toma de conciencia. de los materiales que suelen aflorar del inconsciente colectivo: arquetipos y complejos (por ejemplo). Los procedimientos de la imaginación activa apelan especialmente a los quehaceres, artes y artesanías, que abrevan sus raíces en el pensamiento mágicomítico del hombre (nuestro pensar más arcaico y profundo). De este modo se desencadenan experiencias y vibraciones vivenciales, que caldean la capacidad creadora, así como la potencialidad simbólica y curadora, propias del hombre. Lo que se busca (como efecto) es poner en juego, en el proceso elaborativo profundo, la riqueza de las grandes contradicciones humanas. La psicología analítica denomina a este proceso de búsqueda: camino hacia el Sí mismo, un peregrinar que se va logrando mediante realizaciones simbólicas. Esta concepción de la antropología analíticosintética tiene muchos puntos de contacto con el ideario moreniano (véase encuentro, catarsis de integración y hombre creador). El psicodrama analítico sintético es una terapia grupal, en la que se introduce la dramatización siguiendo el camino trazado (como dijimos más arriba) por los procedimientos de la imaginación activa señalados por Carl Gustav Jung. Su objetivo es expresar y elaborar, el material que va emergiendo, tanto a nivel grupal como a nivel individual, privilegiando el trabajo con símbolos y arquetipos. Se trabaja en sueños, escenas, imágenes, señales corporales y símbolos se utiliza “la amplificación dramática grupal”y”la amplificación de los mitos” de todos estos materiales y especialmente de los sueños. En el caso especial de los sueños, mediante la metodología de amplificación dramática, además de favorecer la comprensión individual de su mensaje profunda, para el soñante, se promueve la comprensión de los sueños elegidos e interpretados, comunitariamente, como mensaje para todo el grupo. En la modalidad de trabajo del psicodrama analítico, también se incluyen técnicas como la construcción de imágenes, el trabajo con formas gráficas, máscaras, telas, objetos intermediarios, etc. etc. Son estrategias multifacéticas, sumamente privilegiadas, para acceder al inconsciente individual y al inconsciente colectivo, para la “toma de conciencia grupal” y el logro de “realizaciones simbólicas” e “integraciones individuativas” en cadena. Las artes de la danza, la plástica, la poesía y la música, son (como vimos) vehículos funcionales muy eficaces que permiten promover la emergencia de contenidos arquetípicos en la dramatización y lograr, desde allí, trascenderlos e integrarlos. Los instrumentos, las técnicas y las tácticas apuntan fundamentalmente al develamiento de los mitos personales, familiares, ancestrales y arquetipales, así como al descubrimiento de los aspectos de la Sombra, personal, vincular y colectiva La tarea grupal es lograr la superación de los detenimientos en los roles anclados a las estructuras de los modos de ser vinculares, fijados en el proceso de personificación a los sistemas de criterios inauténticos, liberando de ese modo los procesos de individuación de cada integrante y abriendo el camino hacia el encuentro de la comunidad grupal “en notridad”, manteniendo el respeto de la “mismidad” de cada uno de los integrantes del grupo.


Incorrecta metodología, en la que se toma erróneamente como paciente la pareja real, en vez de trabajar sobre su vínculo y sobre sus redes sociales (Ver Sociodrama de pareja). Cuando se opera con escenas nucleares conflictivas (Ver) en un mundo íntimo de cada integrante, de la pareja que consulta, estando los dos presentes, en vez de mitigar los fenómenos transferenciales, se caldean negativamente. Se corre además, el riesgo de cargar en cada polo del vínculo, el peso de un nuevo rol, el de “terapeuta silvestre” del uno por sobre el otro, complicando aún más las cosas en vez de ayudar a resolverlas.

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