Es la aplicación del procedimiento dramático en el vínculo terapéutico diádico (que por costumbre, a revisar, se sigue llamando psicoterapia individual).

Es una práctica que exige una sofisticada precisión metodológica ya que, de no tomarse los recaudos técnicos adecuados, puede cargar negativamente el vínculo terapéutico.

La dificultad de su práctica radica en el hecho que, el terapeuta, debe jugar al mismo tiempo de “director”, de “yoauxiliar” y de “caja de resonancia”, lo cual lo expone en muchos frentes, al mismo tiempo.

El “ensueño dramático” es una forma de psicodrama diádico que permite una mayor distancia instrumental para el análisis, garantizando un manejo más adecuado en la movilización de transferencias siendo sus resultados equiparables en cuanto a su eficacia. Sin embargo debemos reconocer (a pesar de lo que acabamos de decir) que el Psicodrama diádico ha logrado en nuestro medio (mediante el trabajo de algunos especialistas) desarrollos metodológicos notables (Ver los trabajos, por ejemplo, de Virginia Pandolfelli de Urruty).


Proceso de aprendizaje grupal para la formación de psicodramatista y coordinadores de grupo. Cada escuela sustenta estos procesos de diferentes maneras, tanto técnica como metodológicamente.

La enseñanza del psicodrama es una actividad compleja que exige propósito, objetivos y técnicas específicas.

El proceso de formación para los psicodramatistas debe incluir todas las acciones docentes que faciliten el surgimiento, el afianzamiento y el paulatino dominio no solo del rol buscado sino de todos aquellos complementarios que al confiar permitirán lograr finalmente el desempeño profesional adecuado.

El dominio del rol de director acontecerá gradualmente pero para poder lograrlo en sus máximos niveles de creatividad habrá que jugar profundamente, durante el proceso de aprendizaje, los roles complementarios de protagonista, de yoauxiliar y el de observador participante.

Unicamente las experiencias directas en PsicodramaSociodramaJuegos del Rol y Juegos dramáticos, garantizan la profundización en la asunción de todos estos roles y permiten además el desarrollo de la espontaneidad y la creatividad.

El trabajo constante de la coordinación, debe tender a mantener los vínculos grupales y la estructura sociométrica en el nivel de una “adecuada percepción del otro” (factor tele). Estos cuidados garantizan que el grupo funcione como una buena matriz de formación.

En estos grupos no sólo se debe adquirir conocimientos y habilidades, se debe desarrollar además procesos en el campo de las actitudes.

En esta área que corresponde a lo afectivo se movilizan las emociones, los sentimientos y los valores. En este campo, donde específicamente se trabaja durante la vertiente vivencial del aprendizaje psicodramático, la responsabilidad de los docentes será la de crear el clima que pueda ofrecer el temple necesario para que la matriz otorgue la confianza básica indispensable.

Cuando todos estos aspectos son considerados con especial respeto, los objetivos buscados, no sólo resultarán facilitados y favorecidos, sino que el clima garantizará además el despliegue positivo de estos roles, su afianzamiento y su psicohigiene posterior.

La enseñanza del Psicodrama basada en la experiencia directa exige al coordinador la misma rigurosidad en la vertiente de lo teóricotécnico que en la vertiente de lo vivencial, es decir, el constante compromiso personal de los docentes, con el proceso de aprendizaje y con los alumnos.


El término Psicodrama Individuativo fue creado y difundido, desde Turín, por Giulio Gasca (Ver Psicodrama analítico). En Buenos Aires usamos este término, para diferenciar (de manera específica) el abordaje analíticosintético que elige como punto de partida la conflictiva vincular tomada desde la cotidianidad o desde la que emerge a partir de la sintomatología corporal. Utilizamos, en cambio. el término “Psicodrama junguiano de sueños” para designar el dedicado, únicamente, al trabajo que profundiza partir de los mensajes oníricos, mediante la metodología de la “amplificación dramáticomítica de los sueños”, así como también de las imágenes logradas en meditación, imaginación y/o visualizaciones creativas (ver psicodrama analíticosintético y psicodrama junguiano).


Término introducido en la Argentina por varios grupos de trabajo, en especial por los investigadores que articularon el psicodrama con la psicología analítica junguiana.

Ubicar el escenario en el espacio mental del protagonista es el común denominador que caracteriza a los diversos modos de trabajar en el denominado psicodrama inmanente.

Estas modalidades de trabajo han sido desarrolladas en el psicodrama didáctico (por ejemplo), cuando se enseña a un novel psicodramatista a desengancharse de algún bloqueo o dificultad, en su trabajo de dirección. El “soliloquio” inmanente del director (a la manera de un diálogo reflexivo consigo mismo) permite diferenciar aquello, que es propio de uno mismo, de las escenas pertenecientes al registro del protagonista que uno está coordinando. La visualización de escenas personales (obtenidas mediante el soliloqio reflexivo e inmanente del director, al paso de las dramatizaciones), le permite al coordinador reatemperarse; “quitar las propias entrañas” del foco de la acción y desengancharse, cuando se está demasiado comprometido e hipercaldeado en el drama ajeno. Esto es fundamental, ya que la tarea de dirección exige su oficio. Es un mester por el que hay que saber vibrar en simpatía; pero también es necesario adquirir el arte como para no entramparse, enmarañarse y bloquearse en el “copatiens dramático”.

Debajo de cada máscara hay siempre otra máscara … y otra … y otra … indefinidamente; tal como se desprende de la dramaturgia pirandelliana. Del mismo modo, debajo de cada escena palpitante suelen reactualizarse muchísimas otras escenas. En el transfondo de toda situación cotidiana, aun la más rutinaria (aparentemente), no solo se mueven historias pertenecientes al mundo biográfico familiar y al tiempo de la propia crianza. En esas honduras reverberan asimismo otros grandes repertorios; late también la poderosa y obscura cultura de lo prebiográfico ancestral, junto a las fuerzas mitemáticas de lo transpersonal y lo arquetipal. Este es el campo específico del Psicodrama Inmanente, que en nuestro medio han investigado y desarrollado los psicodramatistas de formación junguiana. Las visualizaciones, las exploraciones a través de lo imaginario, la introspección dramática, las experiencias en rondas de energía y mandalas grupales , los trabajos para el abordaje y la elaboración de escenas ancestrales y arquetipales, las búsquedas sistemáticas en niveles de hiperconciencia profunda, la investigación télica, las experiencias vivenciales a partir de la meditación y la visualización de estímulos arquetípicos, los arqueodramas y los astrodramas (etc. etc. etc.) … son todas técnicas, que persiguen metodologías semejantes. Muchas han trascendido ya, más allá del campo de la investigación y la terapéutica estrictamente junguiana. La eficacia de las visualizaciones positivamente pautadas (por ejemplo) se halla ampliamente difundido ya, en el campo de la terapia oncológica.


El psicodrama interno, término creado por José de Souza Fonseca Filho, es una técnica familiar a los psicodramatistas brasileños, y nació de la angustia del psicodramatista en su setting de psicoterapia individual.

Varios autores aparecen asociados a sus orígenes, destacándose entre ellos el Dr. José Fonseca y el Dr. Víctor R.C.S. Dias, que escribieron al respecto. Se trata de un trabajo de dramatización, donde la acción es interna, simbólica. El paciente piensa, visualiza y vivencia la acción, pero no la ejecuta.

Este procedimiento es frecuentemente realizado con el paciente acostado, o confortablemente sentado. Se le pide que cierre los ojos y tome conciencia de sí mismo, de las sensaciones corporales presentes en el momento. Los pensamientos deben ser relegados, y su atención debe concentrarse en las sensaciones corporales.

Un ejemplo de consigna: “No pelee con sus pensamientos, deje que ellos entren y salgan, y ponga su atención en las sensaciones corporales presentes aquí y ahora”.

La conciencia de sí mismo, la disminución de la corriente de pensamiento y la sucesión “figura fondo” que se sigue, propician espontáneamente la visualización de imágenes que pueden ser en colores, pueden presentarse como movimientos, formas variadas, paisajes, figuras humanas, escenas, etc.

Algunos pacientes tienen mayor facilidad para dramatizar internamente que en la forma clásica, tal vez porque esta última exige un desplazamiento espacial del cuerpo, comportando el compromiso corporal concreto de una acción con sus consecuencias. Es diferente, totalmente diferente, agredir físicamente a una persona, agredirla en una escena psicodramática, o agredirla con ensañamiento a través de la imaginación. El acto corporal levanta barreras fóbicas a veces infranqueables para algunos pacientes.

Esta técnica se muestra especialmente útil con psicóticos, favoreciendo la inversión de roles (Ver Inversión de Roles).

El psicodrama interno no se propone solamente la resolución de eventuales conflictos, sino también lo que es tal vez más importante, desobstruir y calibrar canales de expresión esenciales para la comunicación del inconsciente con la conciencia.

Puede ser utilizado como técnica breve “flashes de psicodrama interno”, que ayudan en cambios de escena y/o en una rápida “zambullida” en la emoción vivenciada (Ver Psicodrama Diádico o bipersonal).

Deja un comentario