Mónica Zuretti | Carlos Menegazzo | Miguel Ángel Tomasini

Gracias a los contactos surgidos en los congresos y encuentros internacionales, hemos propuesto a colegas amigos de diferentes países, trabajar al unísono a partir de aquí. Convinimos que esta tarea debía trascender la mera traducción del texto originario a los diversos idiomas. El verdadero desafío debe centrarse en la búsqueda de articulación de los conceptos esenciales, elaborados durante años por distintos grupos de reflexión psicodramática. Tratar de integrarlos en un tronco común, desde los cuatro puntos cardinales. Sergio Perazzo coordinó ya la traducción al portugués, enriquecida con una síntesis suya de los aportes brasileros a la teoría del psicodrama. Del mismo modo otros equipos están trabajando en los medios de habla francesa, italiana, inglesa y alemana. En Buenos Aires la tarea de supervisión e integración de todos estas propuestas conceptuales, está a cargo del Dr. Miguel Angel Tomasini y la Lic. Marta Figuerero. La riqueza de tantas fuentes de creatividad puede confluir en un instrumento muy útil; estoy convencido de esto. Nos permitirá cimentar esa cultura psicodramática que, desde hace años, estamos construyendo juntos.

La publicación de este diccionario, mediante vía cibernética, tal como fue intención con el libro escrito antaño, ha sido pensada como un riguroso instrumento de apertura codisciplinaria, para aquellos psicodramatistas que tengan ganas de seguir enriqueciéndolo transdisciplinariamente. Quienes aquí firmamos los invitamos cordial y vivamente.

Mis compañeros de autoría me han encomendado la tarea de escribir esta introducción, seguramente porque fui quien inició la cosa y quien coordinó a los diversos grupos que fueron colaborando en esta empresa a lo largo de tantos años y durante tan distintas etapas.

En verdad la historia de este diccionario corre paralela al acontecer del Psicodrama en la Argentina. Pues bien, he aceptado la propuesta de Miguel Angel Tomasini y María Monica Zuretti y quienes consideraron, junto conmigo, que tres prólogos, uno para cada firma, iba a resultar (por lo menos) algo latoso.

Heme aquí, entonces, haciendo un poco de historia.

La idea de este trabajo comenzó gestándose, poco a poco, a partir de 1963, junto con mis primeras inquietudes en torno al psicodrama. En aquel entonces, luego de cinco años de formación en el Centro Universitario de Teatro de la U.N.B.A.,estaba dirigiendo el “Centro de Estudios Teatrales de la Fundación Ateneo de la Juventud”. Aquellas fueron experiencias muy fructíferas para mí, en las que compartí con los compañeros instructores y algunos discípulos, entre muchas otras cosas, la preocupación por continuar nuestras búsquedas en las disciplinas dramáticas. El Psicodrama, entonces, era para nosotros solo una veta, por cierto sumamente interesante, dentro del vasto fenómeno de lo teatral.

En este lapso, que abarca desde 1961 hasta 1967, había surgido la posibilidad de planear curriculum para una Universidad de Teatro (creo, por primera vez en la Argentina) ya que la Fundación Ateneo de la Juventud iba a ser integrada a la U.C.A. Este proyecto y este pedido de las autoridades, encendió aún más nuestros entusiasmos de sistematización, de articulación y de búsquedas. Por supuesto, como demasiadas veces ocurre en nuestra América Latina, este proyecto como tantos otros, también se abortó. (Recuerde el lector los fenómenos universitarios de la década del 60 y los miedos de aquellos funcionarios que, en Buenos Aires, preparaban ya “la noche de los bastones largos”).

En aquel entonces las obras de Moreno estaban siendo traducidas al castellano y ya habían comenzado a editarse en Buenos Aires desde 1961. El pensamiento preponderante en las escuelas psicológicas argentinas era entonces, sin dudas, el Psicoanalítico y, dentro de esta línea, la tendencia dominante era la Kleiniana. Además el gran desarrollo del psicodrama en Francia durante la década del 50 también nos comenzaba a ofrecer una amplia bibliografía. Sin embargo, lo único que circulaba en lo referente al neologismo técnico propio de la práctica psicodramática, no pasaba de la categoría de glosarios bastante rudimentaria por cierto.

Fue por este motivo por lo que comencé, en aquel entonces, un fichero. En el mismo fueron volcándose meros enunciados a veces, otras, términos un poco más elaborados e incluso, algunos conceptos bastante redondeados. Fue en 1967 cuando la “Asociación Ontoanalítica Argentina” me encomendó la cátedra de “Dinámica de grupo y técnicas grupales” en la “Escuela de Psiquiatría y Psicoterapia”, allí el fichero comenzó a tomar más envergadura. Este trabajo me fue mostrando que las ideas de Moreno, leídas desde los sustentos filosóficos, antropológicos, sociopsicológicos y médicos que subyacen en su trama profunda, lograban mostrar su verdadera dimensión. Fue en 1969 cuando dos amigos: el Dr. Bonoli Cipoletti y el Dr. Julio Rodríguez (+) me encargaron la formación y coordinación de diversos equipos de terapia, control, aprendizaje y entrenamiento en Psicodrama en el Instituto Arturo A. Ameghino de Buenos Aires. Fueron años riquísimos de trabajo. Estoy convencido que aquella fue la primer escuela gratuita de Psicodrama en la Argentina. En ella se formaron varios coordinadores de grupo y psicodramatistas hoy reconocidos en nuestro medio. Junto a ellos surgió la idea de difundir lo sedimentado, y el fichero comenzó a transformarse en el proyecto de un Diccionario.

En 1970, con la llegada de Jacobo y Zerka Moreno a Buenos Aires en ocasión del Congreso Internacional, muchos de los que estábamos trabajando en Psicodrama, recibimos, además de sus abrazos cargados de calidez y sabiduría, la transmisión de un gran entusiasmo. Mientras tanto, nuestra tarea en los hospitales había comenzado a darnos a los argentinos la posibilidad de reconocernos, de saber quién era quién, en que estábamos cada uno y que líneas seguíamos. También habíamos comenzado a escucharnos (no mucho todavía) pero sí un poco. Por cierto había demasiado ruido por los dogmatismos. De todos modos la práctica hospitalaria, que fue ímproba y difícil, también fue muy rica y nos fue fundamentalmente acercándonos desde la tarea.

Pero en marzo de 1976 el campo hospitalario se cortó de cuajo para nosotros. El psicodrama y la psicoterapia de grupo estaban en la mira y fueron perseguidos. Incluso algunos colegas en lo privado redujeron o suspendieron la labor grupal. Fue como pasar a las catacumbas.

Creo que esto nos unió más, porque los que seguíamos, estábamos muy solos. Personalmente había conocido a Mónica allá por el 69, poco antes del Congreso en el que participaron los Moreno. En el 77 nos reencontramos con Zuretti e iniciamos la búsqueda de coincidencias, algo que yo denominé “Diálogos con Mónica”. Sonaba a título de un film de Bergman, pero eran conversaciones y a veces discusiones muy entretenidas sobre temas psicodramáticos. Al poco tiempo decidimos trabajar juntos en la enseñanza del Psicodrama y esto derivó en lo que fue el “Instituto de Psicodrama Buenos Aires”. Allí, por supuesto, este Diccionario tomó cada vez más forma y allí también, comenzaron a colaborar con nosotros, (de manera muy despareja) algunos discípulos de aquel entonces (hoy ya colegas). Esto ya me había ocurrido personalmente, co anterioridad, en la etapa del Ameghino.

Al final de la década del 70 los encuentros entre los diferentes grupos dedicados al psicodrama se hicieron cada vez más frecuentes y a partir de una primera convocatoria reunida en nuestra sede, por entonces ubicada en la calle French, se fue gestando el comienzo de lo que hoy es la Sociedad Argentina de Psicodrama. A partir de allí siguieron pasando muchas cosas. En 1985 la descomunal tarea de preparación y ejecución del Encuentro Internacional de Psicodrama, en Buenos Aires, (Agosto de 1985) invadió los espacios reflexivos e impidió la prosecución serena del diccionario… Fue una topadora! Tanto que en noviembre del 85 se llegó al acuerdo de cerrar el Instituto que habíamos creado. Mis caminos personales siguieron a partir de allí otras búsquedas. Quedó, sin embargo, el compromiso de terminar y de publicar este diccionario que antes habíamos cuidado tanto. En la última etapa, Miguel Angel Tomasini tomó el lugar de tercer interlocutor en el trabajo reflexivo y la tarea pudo continuar, ya suficientemente alejados del tumulto y rescatada la privacidad.

De este modo la cosa pudo madurar, como para ser presentada al lector. También la búsqueda editorial fue azarosa, pero esto es otra historia (tan obvia en nuestro medio crítico que no merece nos detengamos en ella). En realidad es una proeza que…… acepte este desafío editorial así como van las cosas en nuestro medio.

Para terminar, lo que sí quiero señalar a los receptores es que este trabajo ha sido pensado para sumar líneas de pensamiento, porque todas ellas, aún siendo diferentes, han dado, precisamente por sus divergencias, muchas riquezas al quehacer psicodramático. También es cierto que han provocado mucho dolor y algunos desencuentros, toda vez que se usaron para atrincherarse en rigideces dogmáticas.

Lo que esperamos los autores es que esta entrega, que pretende sedimentar lo múltiple y ordenarlo articuladamente, no se transforme a su vez en un nuevo instrumento usado para la puntillosidad escolástica y la rigidez. Sería una verdadera pena.

Han colaborado en esta primera edición que presentamos, junto a quienes firmamos la misma, los Dres. Mario Giuffrida (+), Alejandro Rotbart, las Lic. Susana Blanchod, Liliana Fasano, Viviana Galkin, Adriana Callejas, la Sra. Virginia Pandolfelli de Urruty, la Lic. Silvina N. Venturino, la Lic. Marta Figuerero y el Sr. Oscar A. Cunese y de especial manera, María Elena Molina Zuviría de Zuretti, a todos ellos nuestro cálido agradecimiento.

Carlos Menegazzo

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