La Teoría de los Roles redefine al “Yo” y lo visualiza como un átomo cultural (Ver) o conjunto de roles estructurado a partir de un núcleo basal (los roles psicosomáticos). El “Yo”, de este modo redefinido, es para cada hombre el requisito y la posibilidad de todo vínculo y de todo conocimiento, de todo choque y de todo encuentro.

Esta concepción del “Yo” es punto de partida para una nueva comprensión del hombre. La Teoría de los Roles supone una antropología.

Para Moreno el “Yo” surge de los roles, es una estructuración que aparece tardíamente en el proceso evolutivo de cada individuo.

Los aspectos captables y cognoscibles del “Yo” se manifiestan en los roles y mediante los roles el “Yo” actúa.

El desprendimiento de la matriz materna, a partir del pasaje del feto por el canal de parto, caldea y estimula físicamente al niño y promueve el surgimiento del rol psicosomático contactador en el nuevo entorno abierto de la matriz de identidad. Inmediatamente el primer acto respiratorio inaugura al recién nacido en su nuevo modo de ser.

Casi conjuntamente con el rol respiratorio van surgiendo los otros roles psicosomáticos: el de ingeridor, el de mingidor, el de defecador, etc. como actos primigenios. Esta afluencia de actos, cada vez más compleja, se va paulatinamente conglomerando en estructuras de roles que tienden a confluir finalmente en una totalidad integrada.

Esta tendencia constitutiva se efectúa por agrupamiento de roles que se asientan sobre los primigenios denominados “roles psicosomáticos”, que son pivotes de todos los demás.

Los roles psicosomáticos que surgen a partir de las necesidades fisiobiológicas infantiles y buscan afanosamente la satisfacción de tales necesidades en lo abierto, promueven a la madre la rítmica solicitud sedativa complementaria.

Los roles psicosomáticos fundadores, en esta interrelación con sus complementarios, van a ser los ejes básicos de toda la estructura resultante posterior.

El desarrollo de la identidad humana integra un mosaico dinámico de constantes interrelaciones.

He aquí una clara analogía entre la concepción moreniana y el mosaico de zonas erógenas con el que trabajó teóricamente el psicoanálisis.

En el sustrato teórico de Moreno se halla también una fuerte raigambre evolucionista biológicogenética, así como la influencia de las corrientes de pensamiento que conciben a la existencia humana como posibilidad de desplegarse en vínculos.

Es de hacer notar que en sus elaboraciones teóricas sobre los roles psicosomáticos Moreno trabajó exhaustivamente el rol ingeridor observando cinco etapas en su evolución.

Rojas Bermúdez denominó “núcleo del yo” a la estructura que integran los roles psicosomáticos de ingeridor, mingidor y defecador. Centra en ellos siguiendo las teorías de Pichon Riviere y Bleger las posibilidades adultas de relacionarse con el área del pensar, el área del sentir, y el área del hacer (mente, cuerpo y mundo).

Para nosotros, además, el primer rol psicosomático que surge en la matriz de identidad, el rol contactador, define desde los momentos iniciales de su despliegue con sus complementarios, las posteriores modalidades del individuo en sus futuros actos de ternura y vigor, o en los de violencia, fuga y paralización. La emergencia del rol respirador estampa, al mismo tiempo, los modos de conducirse que cada individuo jugará frente al cambio.

Si aceptamos la concepción según la cual los aspectos captables y conocibles del YO aparecen en el modo de darse los roles, debemos aceptar también que los modos de sus emergencias fundantes y los climas afectivos que los tiñeron al surgir originariamente repercuten profundamente en sus modos de reeditarse.

Este es uno de los conceptos básicos de la Antropología Psicodramática. Toda situación irresuelta que temple una emergencia fundante de cualquier rol tenderá a condicionar a todo el aspecto del yo relacionado con ese rol y repercutirá profundamente en la esfera psíquica, o en la esfera corporal o en la esfera social de ese individuo. (Ver Escena traumática y Escena nuclear conflictiva).

Los climas afectivos propios de las situaciones en las que se plasmaron las emergencias fundantes de los roles, condicionarán las posibilidades de relación y los modos de ser que cada hombre jugará luego en el mundo en que le toque vivir.

Los interjuegos acontecidos en esas situaciones biográficas y los encuentros o choques con las funciones, las figuras y los personajes parentales durante ese proceso biográfico serán los condicionantes. Estos climas tenderán a reaparecer cada vez que sean caldeados de la misma manera e interferirán en elecciones e integraciones existenciales.


Moreno lo considera uno de los cinco instrumentos del Psicodrama.

Toma este concepto de la experiencia del acto de nacimiento (Ver Yo auxiliar natural).

En la situación experimental de psicodrama se considera indispensable la función del yo auxiliar como un elemento para la comprensión del proceso interpersonal que se desarrolla en el escenario, así como vehículo para el tratamiento.

La función del yo auxiliar es la de un “actor” que representa a personas ausentes tal como aparecen en el mundo privado del paciente, según las percepciones que este tiene de los roles íntimos o de las figuras que dominan su mundo.

La función puede ser ejercida por un yo auxiliar espontáneo o por un yo auxiliar profesional (Ver ).


Se denomina yo auxiliar espontáneo al compañero de grupo que asume la función de yo auxiliar al haber sido elegido por el protagonista.

Cuando esta elección del protagonista de su yo auxiliar espontáneo es hecha desde un adecuado nivel tele (Ver) su desempeño suele ser muy enriquecedor para el trabajo terapéutico.

Los riesgos a tener en cuenta en el trabajo con este yo auxiliar son:

a) La posibilidad de que el mismo se transforme en protagonista, cuando la situación dramática lo caldea en el camino de una escena nuclear conflictiva propia.

b) que su espontaneidad no esté suficientemente entrenada, de manera tal que no pueda jugar con libertad los roles que le son propuestos.


Moreno al describir el acto del nacimiento al que constituye como arquetípico de su modelo terapéutico, dice: “así como los niños necesitan auxiliarse para comer, dormir, etc., el Yo auxiliar natural (es) una extensión del propio yo, necesaria para vivir adecuadamente…”

La teoría de los roles define al yo auxiliar natural como aquel que actúa al servicio del individuo a modo de prolongación corporal del mismo, con el fin de que este individuo logre aquello que aún no puede conseguir por sí solo.

La madre interactúa con su bebé, como una extensión de él. Su función maternal esta al servicio de su bebé, para proveerlo de todo aquello que él necesita y que, por sí solo, todavía no puede lograr. La función madre es el paradigma en lo natural del concepto de yo auxiliar en psicodrama.


En psicodrama, se define como yo auxiliar profesional, a uno o varios integrantes del equipo técnico, entrenados específicamente para desempeñarse como tales (Ver Yo auxiliar).

El Yo auxiliar profesional tiene una doble función: como auxiliar del protagonista o paciente y como ayudante del terapeuta principal o director (Ver Director).

La tarea esencial del yo auxiliar profesional es la de estar al servicio del protagonista como “actor” representando los roles requeridos por el mundo de ese protagonista y como agente terapéutico, guiándolo mediante una estimulación ante sus ansiedades, carencias y necesidades.

Para llevar a cabo esta función con idoneidad deberá conocer su propio registro de roles y sus límites, tener trabajados sus vertientes de roles latentes, para lograr la máxima emergencia posible y dominar adecuadamente el propio instrumento corporal y verbal al servicio de su interacción con el protagonista. Deberá ejecutar todas las técnicas psicodramáticas interpretando las consignas del director en el momento oportuno.

Un yo auxiliar profesional formado de este modo, está en condiciones de cumplir su cometido básico de ofrecer el “otro significativo complementario” al protagonista, cada vez que éste lo requiere o lo necesite en la tarea psicodramática.

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