Moreno denomina de este modo al aspecto del yo, rol, o conjunto de roles que funciona como observador participante y registro de los propios actos.

Para que un sujeto pueda recordar a posteriori aquello que le ha acontecido durante el acto, debe registrar los acontecimientos en los que se halla inmerso, paso a paso durante todo el desarrollo del proceso de atemperación de ese mismo acto.

Cierta porción del yo debe poder apartarse del acto mismo para registrar el hecho.

Un suceso podrá ser recordado, dice Moreno, únicamente cuando haya sido registrado de este modo y sólo si ha sido registrado puede ser además olvidado.

Cuando un sujeto adecuadamente caldeado no puede recordar un acto determinado y no puede rescatar ningún aspecto del mismo puede pensarse que durante ese acto todas las partes de ese sujeto estaban incluidas en el mismo, por lo que no pudo aparecer ningún rol observador que funcionara como registro. Se tratará por lo tanto de un acto que compromete a todo el individuo y que acontece para él en la matriz de identidad aunque aparentemente ocurriera, por ejemplo, en la matriz social.


Los conceptos de zona y foco son en Psicodrama de tipo espacial o topológico. Moreno los ha tomado evidentemente de diferentes disciplinas. En el campo médico, por ejemplo, se habla de zona inflamada y foco de infección. En las artes plásticas, de donde surgió la palabra grupo así como se sigue usando en pintura, escultura y fotografía; la zona es el núcleo semántico de la figura.

En Psicodrama se denomina de este modo al espacio focal de su iniciador físico. (Ver Iniciador).

El pezón materno, por ejemplo, y la boca del bebé delimitan y conforman la zona para el rol psicosomático de ingeridor. La zona es, como vemos, el “locus” nuclear de cada iniciador físico, puesto en marcha durante el proceso de caldeamiento, para lograr el “status nascendi” de un rol en el caso de que esto esté surgiendo por primera vez en un acto fundante, o para preparar un estado espontáneo cuando el rol en cuestión se está reeditando y se lo quiere lograr con creatividad.

El estado de espontaneidad es siempre un componente esencial para la conformación adecuada de un rol. Los actos de cuidado y preparación del pezón, efectuados por la madre, así como el acto de sostener, al mismo tiempo, al bebé recostado tiernamente sobre uno de sus brazos, son iniciadores físicos del rol ingeridor. Durante todas estas acciones la boca del hijo y el pezón materno mantienen una pequeña distancia real dentro de la zona, cuando esta distancia se transforma en virtual y todos los componentes de la zona coinciden en un punto o foco (Ver foco), la zona entre en la acción definitiva, que dramáticamente denominamos acción resolutiva o integrativa.

En el escenario psicodramático cada vez que se intenta la reestructuración de una escena nuclear conflictiva preparamos la zona, utilizando las inversiones de roles modificadores y la realidad complementaria, trabajamos sobre el foco para lograr los choques y los encuentros integrativos, necesarios para reestructurar los mitos negativos y rescatar las percepciones positivas, que siempre están inscriptos en algún otro nivel coimplicante de la vincularidad.

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