Durante el primer universo infantil (matriz de identidad) este impulso presenta características muy peculiares (Ver hambre de actos infantil). En el individuo adulto y maduro el hambre de actos infantil queda reducida a un residuo básico. Ya no presenta las características infantiles, pero continuará siendo el impulso de la espontaneidad adulta. A esta forma adulta de la ansiedad básica, Moreno la denominó hambre de transformación (Ver hambre de transformación). Cuando la espontaneidad disminuye o desaparece, la ansiedad básica aflora, fuera de su sitio, como ansiedad existencial o compulsivamente tomando las características de ansiedad neurótica (Ver ansiedad neurótica) o apareciendo bajo las formas de otros síntomas.
1) la ansiedad de finitud o conciencia de tener que morir sin haber podido desplegar el propio proyecto de existencia profundo.
2) la ansiedad de haberse tonado culpable; es la experiencia existencial de sentirse culpable, de algún determinado acto u omisión, concreto y definido, que expresa la enajenación general de la existencia. Se trata del sentimiento genuino de culpa ante algún acto u omisión sobre los que le es imposible negar la propia responsabilidad a pesar del elemento de destino que siempre se halla incluido en ellos.
3) la ansiedad de vacío es la resultante de una falta de significado de la propia vida. Cuando la propia existencia carece de significado, la ansiedad básica se torna en sentimiento de vacío.
Las ansiedades existenciales aparecen cuando mengua la espontaneidad. Si la respuesta a una situación presente es adecuada, la ansiedad disminuye o desaparece. Cuando la ansiedad básica de transformación humana coartada no logra trocarse en estas formas genuinas de ansiedad existencial que funcionan como alarma, derivarán entonces en ansiedades neuróticas (Ver ansiedad neurótica) o en síntomas.

