En la Argentina a la generación de analistas junguianos de la década del sesenta le tocó el trabajo de apertura hacia el campo de lo grupal. La psicoterapia analíticosintética y el psicodrama junguiano (con esta denominación se reconoce en nuestro medio, para diferenciarlo del psicodrama psicoanalítico) han tenido como pionero a Carlos María Menegazzo. Él comenzó (en aquella época) a investigar posibles articulaciones desde la teoría de los roles, la sociometría, la antropología vincular, la teoría de las relaciones objetales y la psicología analítica y ha ido publicando posteriormente el resultado de esas búsquedas («Magia Mito y Psicodrama», «Umbrales de Plenitud» y otros trabajos.. En aquella misma década, comenzó el glosario que fue semilla del diccionario que hoy (en colaboración), aquí presentamos. En otros países de América Latina se trabajó en la línea del psicodrama analítico. En Brasil, por ejemplo, diversos psicodramatistas junguianos siguen aportando articulaciones y conceptualizando desde la teoría de los roles, la sociometría, la teoría de las relaciones objetales y la psicología de los arquetipos. En el Instituto Junguiano de Zurich se practica y se enseña hoy psicodrama junguiano. Es en Italia donde éste procedimiento cuenta hoy con teóricos que han dejado y siguen dejando, trabajos muy fértiles. Giulio Gasca, Maurizio Gasseau, Wilma Scategni y Donatella Mondino, son los más reconocidos. Se pueden leer sus trabajos en la «Rivista dell’Associazione per lo sviluppo dello Psicodrama Individuativo» intitulada: «Psicodrama Analítico» así como en ediciones especializadas. La denominación correcta, de esta línea de trabajo (a nuestro entender), es: Psicodrama AnalíticoSintético.
Los grupos eran abiertos y amplios. Se componían circunstancialmente de manera espontánea. El criterio sociométrico era el de participar de una experiencia psicodramática pública. El protagonista, que actuaba en cada sesión, debía resguardar datos de su propia identidad, para guardar el necesario anonimato social.
La cultura religiosa, cristianos protestantes, dominante en Estados unidos y sus prácticas de «confesión pública» coincidían con la cultura jasídica, subyacente en Moreno. Estas circunstancias favorecieron este estilo de trabajo y estas prácticas públicas, que nuestra cultura latina rechaza y que ocasionaron muchas críticas y muchas resistencias académicas, en nuestro medio.
A pesar de todo el estudio de estos modos de proceder pionero, durante un período que podríamos considerar como el de «Paliopsicodrama» no dejan de transmitirnos muchísima riqueza.
1) La etapa del Caldeamiento se subdivide en: a) caldeamiento inespecífico y b) caldeamiento específico. El surgimiento del protagonista es lo que marca tal subdivisión. La subetapa del caldeamiento específico consta de 1) El contrato y 2) La preparación dramática.
2) La etapa de dramatización se va desplegando a la manera de un programa desde la primera escena, a partir de las claves dramáticas, en búsqueda del rol en conflicto y de la escena nuclear conflictiva (Ver) para volver finalmente, efectuada la reestructuración dramática, hacia la primera escena o el primer rol que dio la clave para la investigación.
3) La etapa de comentarios se subdivide a su vez en dos subetapas: 1) El compartir y 2) El momento de las observaciones, señalamiento y el análisis.
El ser humano que ha podido saltar los umbrales evolutivos para lanzarse confiada y resueltamente a la matriz social, está en condiciones de enfrentar la angustia trágica y su destino, en pos de su propio proyecto profundo de existencia, en la larga serie de integraciones y elecciones que le exigirá la vida constantemente. Podrá así ser un ser espontáneo y creador.
En él, los residuos de las ansiedades básicas originales (el hambre de actos) se habrán transformado en el impulso creador que lo hará tender a la permanente búsqueda de una realización totalizadora. Esto sólo podrá obtenerse mediante la contrucción de un universo propio y una peculiar cosmovisión.
El ser adulto puede tender hacia esto sólo siguiendo el mandato de un profundo proyecto en una constante revisión de la propia realidad.
En este intento sostenido, espolonado por la angustia de finitud, la propia autoafirmación, así como la propia y personal autorrealización individual, serán nada más que meras etapas de un camino que no concluye allí.
Este incesante intento acumulativo y apositivo, en la búsqueda de la verdad, así como la constante necesidad de reestructuración de cosmovisión personal, son materias siempre inacabadas, siempre por totalizarse, que acompañan al hombre durante toda su existencia.
Al ser resuelto, siempre la muerte lo sorprenderá en plena búsqueda y en tal intento.
En esta búsqueda de constante trascendencia, el ser humano sigue un proyecto de totalización que no termina ni culmina, y por lo tanto no se acaba en el logro de una identidad individual, sino más bien sobrevive a ella, según la concepción moreniana.
El motor de ese desvelo humano es, según la misma concepción, el hambre cósmica del niño que persiste en el hombre adulto como hambre de transformación (Ver hambre de transformación).
En este sentido, el pensamiento moreniano avalado en las confirmaciones de sus experiencias, (Jacobo Levy Moreno, «Las bases de la Psicoterapia». IV Conferencia) no sólo es profundamente existencial, en el sentido positivo de este enunciado, sino además, evolucionista y trascendente.
Las poderosas tendencias del ser, que empujan a todo hombre hasta el imperativo profundo de la búsqueda de una totalización, no sólo para consigo mismo, sino para la cultura en la cual está inmerso, han sido señaladas por Moreno, reiterándose en sus escritos.
«El centralismo del miraje humano, no cesa nunca de actuar (…), en todo ser humano la autorreferencia parte siempre de una referencia a la original matriz de identidad que le tocó vivir y desde donde parten» expresa Moreno.
Nos dice en este sentido que el hambre cósmica del niño permanece siempre en la profundidad de cada hombre como un residuo movilizador que actuará durante toda la vida. Será el profundo mandato que impulsará a cada ser, más allá de su propia autorrealización, en aras de la realización de todos: la búsqueda de un aporte para su cultura, en la medida de sus posibilidades.
En los modos de ser irresuelto del hombre vemos por el contrario, que si un individuo, por cualquier circunstancia, niega su mandato, al que lo empuja su hambre de transformación, el efecto de tal negación y el conflicto profundo que esto le ocasiona, aparecerá tarde o temprano y se manifestará a través de sus síntomas.
El síntoma, en este sentido, es para Moreno un anuncio perentorio para que el ser busque el camino de su reencuentro.
La libertad, la espontaneidad y la creatividad del hombre serán entonces, las únicas fuentes para el logro de esas integraciones que han quedado postergadas y están esperando.
No importa cual es el tramo de camino que a cada hombre le toca recorrer. No importa lo trascendente que pueda parecer. El imperativo es encontrarse en él y recorrerlo hasta el último mojón desarrollando sus posibilidades en el marco del propio destino.
Esta es la vertiente que en Moreno apunta a una psicología de los objetivos.
La propuesta moreniana es la de ofrecer al ser, una matriz (el locus nascendi) en el escenario psicodramático que pueda funcionar como área de acontecimientos para tales reencuentros.

